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(5) Por otra parte, determina mientras vivas, hacer de la Biblia, tu guía y tu

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(5) Por otra parte, determina mientras vivas, hacer de la Biblia, tu guía y tu

Mensaje por hgo1939 el Vie Jun 10, 2016 2:00 am

(5) Por otra parte, determina mientras vivas, hacer de la Biblia, tu guía y tu consejero. 
 
La Biblia es la provisión misericordiosa de Dios para el alma del hombre pecador, el mapa por el cual debe dirigir su curso, si ha de alcanzar la vida eterna. Todo lo que necesitamos saber para hacernos apacibles, santos, o felices, está ricamente contenido allí. Si un hombre joven ha de saber cómo comenzar la vida bien, que oiga lo que dice David: "¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra" (Sal 119:9). 
Jóvenes, yo les exhorto a hacer de la lectura de la Biblia un hábito, y a no dejar que el hábito sea roto. No dejes que la risa de compañeros, no dejes que las malas costumbres de la familia con la que vives, no dejes que ninguna de estas cosas te impidan hacerlo. Determina que tú no solamente tendrás una Biblia, sino que también apartarás tiempo para leerla. No dejes que nadie te persuada a que este es un libro solamente para niños de escuela dominical y para ancianos/as. Este es el libro del cual el rey David adquirió sabiduría y entendimiento (Sal 119:97-104). Este es el libro que el joven Timoteo conoció desde su niñez (2 Tim 3:14,15). Nunca te avergüences de leerlo. No menosprecies la Palabra (Pr 13:13; 19:16). 
Léela en oración para que la gracia del Espíritu te haga entenderla. El pastor Beveridge dijo bien: "Cuando un hombre pueda leer la letra de la Escritura sin ojos, podrá entender el espíritu de ella sin gracia." 
Léela reverentemente, como Palabra de Dios que es, y no de hombre, creyendo implícitamente que lo que ella aprueba es bueno, y que lo que ella condena es malo. Ten por muy seguro que toda doctrina que no soporta el examen de la Escritura es falsa. Esto te guardará de ser engañado, y llevado por doquier por las peligrosas opiniones de estos últimos días. Ten por muy seguro que toda práctica en tu vida que es contraria a la Escritura, es pecaminosa y debe ser abandonada. Esto aclarará muchos casos de conciencia, y cortará la ligadura de muchas dudas. Recuerda de que manera tan diferente leyeron la Palabra de Dios dos reyes de Judá: Joacim la leyó, y de inmediato cortó el escrito en pedazos, y lo quemó en el fuego (Jer 36:23). Y ¿por qué? Porque su corazón se rebeló contra ella, y estaba resuelto a no obedecer. Josías la leyó, y de inmediato rasgó sus vestidos, y se conmovió y lloró en la presencia de Dios (2 Cron 34:19,26,27). Y ¿por qué? Porque su corazón era tierno y obediente. El estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que la Escritura le mostrara que era su deber. ¡Oh que tú sigas el último de estos dos y no el primero! 
Y léela regularmente. Esta es la única manera de llegar a ser "poderoso en las Escrituras" (Hch 18:24). Una mirada apresurada y ligera a la Biblia de vez en cuando hace poco bien. De ese modo tu nunca llegarás a estas familiarizado con sus tesoros, ni sentirás la espada del Espíritu adaptada a tu mano a la hora del conflicto. Mas bien abastece tu mente con la Escritura, por medio de una lectura diligente, y pronto descubrirás su valor y poder. Textos se levantarán en tu corazón en el momento de la tentación. Mandamientos se sugerirán a sí mismos en ocasiones de duda. Promesas vendrán a través de tus pensamientos en el tiempo de desaliento. Y así tú experimentarás la verdad de las palabras de David: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti" (Sal 119:11); y las palabras de Salomón: "Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes" (Prov 6:22). 
Insisto más en estas cosas, porque esta es una era de lectura. Parece no haber fin en hacer muchos libros, aunque pocos de ellos son realmente útiles. Parecen estar en boga las impresiones y publicaciones baratas. Los periódicos de todo tipo abundan, y el tono de algunos, que tienen la más amplia circulación, habla muy mal del sentir y de la inclinación de la era. En medio de la inundación de lectura peligrosa, yo abogo por el libro de mi Maestro; yo te ruego y te exhorto a que no olvides el libro del alma. No te permitas leer periódicos, novelas y romances, mientras que los profetas y apóstoles yacen despreciados. No dejes que lo excitante y lo licencioso absorban tu atención, mientras que lo edificante y lo santificante no puedan encontrar ningún lugar en tu mente. 
Jóvenes, denle a la Biblia el honor debido a ella todos los días que ustedes vivan. Sea lo que sea que ustedes lean, lean la Biblia primero. Y guárdense de los libros malos: hay abundancia de ellos en estos días. Ten cuidado de lo que tú lees. Sospecho que se les hace más daño a las almas de esta manera, de lo que la mayoría de la gente creería posible. Valora todos los libros en la proporción en que ellos estén de acuerdo con las Escrituras. Aquellos que están lo más cerca de ella son los mejores, y aquellos que están lo más lejos de ella, y lo más contrario a ella, los peores. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Rom 8:6.
J. C. RYLE
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