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CONCLUSION de “pensamientos para hombres jóvenes”

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CONCLUSION de “pensamientos para hombres jóvenes”

Mensaje por hgo1939 el Miér Jul 06, 2016 6:04 am

CONCLUSION de “pensamientos para hombres jóvenes”
 
Y ahora me apresuro a una conclusión. He dicho cosas que quizás a muchos no les gustarán, y no recibirán; pero apelo a vuestras conciencias, ¿no son estas cosas verdad? 
Jóvenes, todos ustedes tienen conciencias. Corrompidos y arruinados por la caída como estamos, cada uno de nosotros tiene una conciencia. En una esquina de cada corazón, allí se sienta un testigo para Dios, un testigo que condena cuando hacemos lo malo, y aprueba cuando hacemos lo bueno. A ese testigo apelo en este día, ¿No son ciertas las cosas que he estado diciendo?  pensamientos para hombres jóvenes 
Ve entonces, joven, y resuelve este día acordarte de tu Creador en los días de tu juventud. Antes que el día de la gracia haya pasado, antes de que tu conciencia se haya endurecido por la edad, y cauterizado por haber sido repetidamente pisoteada; mientras tú tienes fuerza, y tiempo y oportunidades, ve y únete al Señor en un pacto eterno que no sea olvidado. El Espíritu no siempre contenderá. La voz de la conciencia se hará más débil y más apagada cada año que tú continúes resistiéndola. Los atenienses dijeron a Pablo, "Ya te oiremos acerca de esto otra vez" (Hch 17:32), pero ellos lo habían oído por última vez. Apresúrate, y no te retardes, no esperes ni vaciles más. 
Piensa en el inefable consuelo que le darás a tus padres, parientes y amigos, si oyes mi consejo. Ellos han gastado tiempo, dinero y salud para criarte, y hacer de tí lo que tú eres. Ciertamente ellos merecen consideración de tu parte. ¿Quién puede estimar el gozo y la alegría que los jóvenes tienen el poder de ocasionar? ¿Quién puede decir la ansiedad y el dolor que los hijos como Esaú, y Ofni, y Finees, y Absalón pudieron causar? Cuan certeramente dice Salomón, "El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre" (Prov 10:1). ¡Oh, considera estas cosas y dale a Dios tu corazón! Que al final no se diga de tí como se dice de muchos, que tu "juventud fue un desatino, tu adultez una brega, y tu vejez una pesadumbre." 
Piensa en el instrumento de bien que tú puedes ser para el mundo. Casi todos los santos más eminentes de Dios buscaron al Señor temprano. Moisés, Samuel, David, todos ellos sirvieron a Dios desde su juventud. Dios parece deleitarse en poner especial honor sobre los siervos jóvenes; recuerda el honor que El puso sobre nuestro joven rey Eduardo VI. Y ¿qué no podríamos esperar nosotros con toda confianza, si los jóvenes de nuestros días consagraran la primavera de sus días a Dios? Ahora se busca personal para casi toda grande y buena causa, y no puede ser encontrado. Existen maquinarias de toda clase para esparcir la verdad, pero no hay manos para trabajar en ellas. 
Es más fácil conseguir dinero que hombres para hacer el bien. Se necesitan ministros para nuevas iglesias; se necesitan misioneros para nuevos puestos; se necesitan maestros para nuevas escuelas; muchas buenas causas están detenidas únicamente por falta de personal. El suministro de hombres fieles y confiables, para suplir puestos como esos que he mencionado, está muy por debajo de la demanda. 
Jóvenes de hoy, Dios está buscando de ustedes. Esta es peculiarmente una era de actividad. Nos estamos sacudiendo de algunos de nuestros egoísmos del pasado. Ya los hombres no duermen más el sueño de la apatía y la indiferencia hacia los demás, como hicieron sus antecesores. Ellos están comenzando a sentirse avergonzados de pensar como Caín: "Soy yo acaso guarda de mi hermano?" (Gen 4:9). Un amplio campo de utilidad está abierto ante ustedes, si tan sólo están deseosos de entrar en él. La mies es mucha, y los obreros pocos. Sean celosos de buenas obras. 
Esto es, en cierta forma, ser como Dios: "Bueno eres tú, y bienhechor" (Sal 119:68). Esta es la manera de seguir los pasos de tu Señor y Salvador: "El anduvo haciendo bienes" (Hch 10:38). 
Esto es vivir como David vivió; él "sirvió a su propia generación" (Hch 13:36). 
Y ¿quién puede dudar que esta es la senda por la que la mayoría llegan a ser almas inmortales? ¿Quién no preferiría más bien partir de este mundo como Josías, llorado por todos (2 Cr 35:24), que partir como Joram, quien "murió sin que lo desearan más"? (2 Cr 21:20). ¿Qué es mejor, ser un ocioso, frívolo, un estorbo inútil de la tierra, vivir para tu cuerpo, para tu egoísmo, para tus deseos y orgullo, o gastar y ser gastado en la gloriosa causa de la utilidad a tus compañeros; ser como Wilberforce o Lord Shaftesbury, una bendición para tu país y para el mundo; ser como Howard, el amigo del prisionero y del cautivo; ser como Schwartz, el padre espiritual de cientos de almas inmortales en tierras paganas; ser como ese hombre de Dios, Robert M'Cheyne, una luz ardiente y brillante, una epístola de Cristo, conocida y leída por todos los hombres, el avivador de cada corazón cristiano que se cruza en tu camino? ¿Quién puede, por un momento, dudar? 
Jóvenes, consideren vuestras responsabilidades. Piensen en el privilegio y el lujo de hacer el bien. Resuelvan en este día ser útiles. Den de una vez vuestros corazones a Cristo. 
Piensen, por último, en la felicidad que vendrá sobre vuestras almas si ustedes sirven a Dios, felicidad en el camino mientras viajan a través de la vida, y felicidad al final, cuando el viaje haya terminado. Créanme, cualesquiera que sean las vanas nociones que puedan haber oído, créanme, hay una recompensa para el justo aun en este mundo. La piedad, de hecho, "tiene promesas de esta vida presente" así como también "de la venidera" (1 Tim 4:8). Hay una paz sólida en sentir que Dios es tú amigo. Hay una satisfacción real en saber que no obstante lo grande de tu indignidad, tú estás completo en Cristo, que tienes una porción perdurable, que has escogido aquella buena parte, la cual no te será quitada. 
Bien que el necio de corazón será hastiado de sus propios caminos "pero el hombre de bien estará contento con el suyo" (Prov 14:14). La senda del hombre mundano va siendo más y más oscura cada año que él vive; la senda del cristiano es como una luz resplandeciente, que va siendo más y más brillante hasta el mismo fin (Prov 14:18). Su sol está sólo comenzando a levantarse cuando el sol del mundano se está poniendo para siempre; sus mejores cosas están todas comenzando a retoñar y florecer para siempre, cuando aquellas del mundano están todas deslizándose de sus manos y desvaneciéndose. 
Jóvenes, estas cosas son ciertas. Soporten las palabras de exhortación. Sean persuadidos. Tomen vuestra cruz. Sigan a Cristo. Ríndanse ustedes mismos a Dios. 
Como hombre y temeroso de Dios y porque os amo les escribo toda esta exhortación, en todo los puntos que han leído sobre “pensamientos para hombres jóvenes”. Dios les bendiga e ilumine con Su santo Espiritu.
J. C. RYLE
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