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Resuelve que donde quiera que estés, orarás. (5)

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Resuelve que donde quiera que estés, orarás. (5)

Mensaje por hgo1939 el Lun Jul 04, 2016 12:27 am

Resuelve que donde quiera que estés, orarás. (5) 
La oración es el aliento de vida del alma de un hombre. Sin ésta, podemos tener un nombre de que vivimos, y ser contados como cristianos, pero estamos muertos a la vista de Dios. El sentimiento de que debemos clamar a Dios por misericordia y paz es una marca de gracia; y el hábito de derramar delante de El los deseos de nuestra alma es una evidencia de que tenemos el espíritu de adopción. Y la oración es la manera señalada para obtener el alivio de nuestras necesidades espirituales. Si no tenemos, es porque no pedimos (Stg 4:2). 
La oración es la manera de procurar el derramamiento del Espíritu sobre nuestros corazones. Jesús ha prometido el Espíritu Santo, el Consolador. El está listo para venir con todos Sus preciosos dones, renovando, santificando, purificando, fortaleciendo, alegrando, alentando, iluminando, enseñando, dirigiendo, guiando a toda verdad. Pero El espera que le pidamos. 
Y es aquí, digo esto con dolor, es aquí donde los hombres quedan tan miserablemente cortos.
Hay pocos, de hecho, que oran; hay muchos que se arrodillan y dicen una fórmula quizás, pero pocos oran; pocos que invocan a Dios, pocos claman al Señor, pocos buscan como si quisieran encontrar, pocos llaman como si estuvieran hambrientos y sedientos, pocos que se esfuerzan, que luchan con el Señor fervientemente por una respuesta, pocos que no le dan a El un descanso, pocos que perseveran en oración, pocos que velan en oración, pocos que oran sin cesar y que no desmayan. Si: ¡Pocos oran! Esta es una de las cosas que se dan por sentado, pero rara vez practicadas; una cosa que es asunto de todo el mundo, pero que de hecho muy pocos llevan a cabo. 
Jóvenes, créanme, si vuestra alma ha de ser salva, tienen que orar. Dios no tiene hijos mudos. Si tú vas a resistir el mundo, la carne, el diablo, tú tienes que orar; es en vano esperar fortaleza en la hora de la prueba, si esta no ha sido buscada. Puede que estés en medio de aquellos que nunca lo hacen, puede que tengas que dormir en la misma habitación con alguien que nunca pide nada a Dios, aun así, marca mis palabras, tú tienes que orar. 
Puedo creer que encuentras grandes dificultades en cuanto a esto, dificultades en cuanto a oportunidades, ocasiones y lugares. No me atrevo a establecer demasiadas reglas positivas en tales puntos como estos, los dejo a tu propia conciencia. Tienes que ser guiado por las circunstancias. Nuestro Señor Jesucristo oró en una montaña; Isaac oró en el campo; Ezequías volvió su rostro a la pared mientras estaba acostado en su cama; Daniel oró a la orilla del río; Pedro, el apóstol, en el terrado de una casa. He oído de jóvenes orando en establos y en desvanes. Por lo que contiendo es por esto: tienes que saber qué significa "entra en tu aposento" (Mat 6:6). Tienen que haber tiempos establecidos, cuando tengas que hablar a Dios cara a cara. Tienes que tener tiempos determinados para orar cada día. Tú tienes que orar. 
Sin esto, toda advertencia y consejo es inútil. Esta es aquella pieza de la armadura espiritual que Pablo menciona de último en su lista, en Efesios 6, pero en verdad es primera en valor e importancia. Esta es aquella vianda que tienes que comer diariamente, si es que has de viajar con seguridad a través del desierto de esta vida. Es solamente en el poder de ella que avanzarás hacia el monte de Dios. He oído decir que los amoladores de agujas de Sheffield algunas veces usan piezas magnéticas en sus bocas, las cuales capturan todo el polvillo que vuela alrededor de ellos, previniendo que este entre en sus pulmones, y así salvan sus vidas. La oración es la pieza que debes usar en tu boca continuamente, de otra manera nunca trabajarás sin ser perjudicado por la malsana atmósfera de este mundo pecaminoso. Tú tienes que orar. 
Jóvenes, tengan por seguro que ningún tiempo es tan bien empleado como aquel que un hombre pasa sobre sus rodillas. Aparta tiempo para orar, cualquiera que sea tu ocupación.
Piensa en David, rey de Israel: ¿qué dice él? "Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré y El oirá mi voz" (Salmo 55:17). Piensa en Daniel. El tenía todos los negocios de un reino en sus manos; sin embargo, él oraba tres veces al día (Dan 6:10). He aquí el secreto de su seguridad en la malvada Babilonia. Piensa en Salomón. El empezó su reinado con oración de ayuda y asistencia, y de ahí su maravillosa prosperidad (1 R 3:5-14). Piensa en Nehemías. El encontró tiempo para orar al Dios de los cielos, aun estando en la presencia de su amo Artajerjes (Neh 2:1-4). Piensa en el ejemplo que estos hombres piadosos te han dejado, y ve y haz tú lo mismo. 
 
¡Oh que el Señor les dé todo el espíritu de gracia y de suplicación! "A lo menos desde ahora ¿no me llamarás a mí, Padre mío, guiador de mi juventud?" (Jer 3:4). Gustosamente consentiría que todas estas direcciones fuesen olvidadas, si solamente esta doctrina de la importancia de la oración pudiese quedar impresa en los corazones de ustedes. 
J. C RYLE
La iglesia en Armenia

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hgo1939
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