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DIA MIERCOLES

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DIA MIERCOLES

Mensaje por hgo1939 el Miér Ago 24, 2016 2:43 am

[size=36]Miércoles[/size]
Leer con oración:
Jn 15:1-6; Fil 1:3-5
 
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”(Jn 15:1-2)
Las Podas Son Necesarias
Así como los árboles producen frutos según su especie, también podemos fructificar produciendo más hombres con el ADN divino, producir y multiplicar para el reino de Dios. Fuimos llamados para producir frutos agradables a Dios (Jn 15:8, 16). Y eso no depende, necesariamente, de lo que podamos hacer, de nuestra capacidad o de las obras que hagamos. La fructificación es una consecuencia natural de vivir y permanecer en el espíritu.
En el caso de la vid, para fructificar es necesario podar. En el Evangelio de Juan 15:1-2 leemos: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”. La limpieza aquí tiene el mismo sentido que podar. Para la vid, la poda es necesaria. Normalmente se hace en invierno, entre una estación y otra, después del periodo de fructificación de la estación anterior. La poda consiste básicamente en limpiar y cortar aquellas ramas y hojas que, a pesar de parecer bonitas y bellas, si no son retiradas, impedirán que pueda fructificar plenamente. Así también, el Señor nos “poda” con el objetivo de eliminar toda impureza que impide nuestro avance espiritual. La poda puede ser dolorosa, pero se convierte en una bendición cuando es quitado aquello que podría perjudicar la fructificación.
En Filipenses 1:3-5, Pablo da gracias a Dios por la comunión, la contribución de los filipenses en el evangelio. El proceso de fructificación tendrá un espacio cuando nos apoderemos de esa importante herramienta llamada comunión. Ayudarnos unos a otros, conversar los unos con los otros, compartir con nuestros compañeros espirituales todos nuestros miedos y temores, y orar al Señor, forman parte de la comunión.
Esta semana veremos los cuatro requisitos necesarios para una buena fructificación. El primero de ellos es el amor. Si queremos ejecutar el plan de Dios para traer Su reino a la tierra, necesitamos tener una vida de sacrificio en favor de los demás. Dios nos amó de tal manera que entregó a Su Hijo unigénito por nosotros. Cristo nos amó, por eso Se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante (Ef 5:2).
De la misma manera, nuestro amor para con las personas debe tener a Dios como motivo. Para aplicar esto de un modo práctico, podemos tener un cuadernito de oración y escribir en él los nombres de las personas que el Señor ponga en nuestro corazón. Debemos orar incesantemente por ellas, hasta que Cristo las alcance. Eso es amor. Si nuestro vivir y labor en la obra del Señor provienen del amor, ciertamente expresaremos a Dios y haremos Su voluntad.
Punto Clave: Limpiar para fructificar.
Pregunta: ¿Puede relacionar el amor de Dios con la “poda” que Él ejerce en nosotros?
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