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DIA DOMINGO

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DIA DOMINGO

Mensaje por hgo1939 el Dom Ago 14, 2016 5:30 am

[size=36]Domingo[/size]
Leer con oración:
Ex 18:17-22; Nm 1:45-46; Col 4:9; 2 Ti 4:11
 
“Más bien te ruego por amor, [...] te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil”(Flm 9-11)
Poner A La Persona Correcta En El Lugar Correcto
En los días anteriores vimos que para cuidar a las personas es necesario amar al Señor. Podemos ver en Moisés un muy buen ejemplo de cómo cuidar a las personas. Él sacó al pueblo de Israel de Egipto y en el desierto pasó a ser el pastor de todas aquellas ovejas. Ellos habían contado en el censo a 600 mil hombres de guerra, sin considerar a los ancianos, niños y mujeres, que debían sumar dos millones de personas (Nm 1:45-46). Moisés administraba a todo aquel pueblo, pero no tenía un buen modelo de administración. Se le hacía muy pesado solucionar los problemas particulares de toda esa multitud, pues hacía eso durante todo el día. Entonces su suegro Jetro le dijo que debía cambiar la forma de administrar al pueblo de Dios.
En primer lugar, Moisés tenía que enseñar la Palabra de Dios al pueblo, enseñarles las ordenanzas, las leyes, y también indicarles el camino de la práctica, de la obra que se debía hacer: “Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer” (Ex 18:17-20). Sólo eso eliminaría muchos problemas entre el pueblo.
Moisés tampoco debía hacer todo el trabajo: “Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo” (Ex 18:21-22). Tanto en la iglesia como en la obra del Señor, los hermanos líderes no deben hacer todo.
¡Por otro lado, todos deben colaborar! Los que no son líderes no deben excluirse. Todos deben ofrecer sus hombros para la obra y decirles a los hermanos que lideran que pueden contar con ellos. Pero, si cada uno comienza a decir: “Estoy ocupado, no puedo”, ¿quién hará la obra del Señor? ¿Quién edificará Su iglesia? Por eso esperamos que, de aquí en adelante, todos podamos decir: “Señor, quiero poner mi hombro, yo no dejaré solos a los que son responsables por Tu iglesia”. Así podremos tener a varios hermanos y hermanas que toman la delantera de algunos servicios de la iglesia, bajo la coordinación y comunión de los líderes. Eso será igual a tener jefes de mil, jefes de 100, jefes de 50 y jefes de 10, como en el caso de Moisés. Ser jefe de 10 es ser líder de un Grupo Familiar de Multiplicación. Ser jefe de 50 es liderar una iglesia pequeña. Ser jefe de 100 es estar al frente de una microrregión, y ser jefe de mil es liderar a las iglesias de una región grande.
Por eso, descentralicemos, busquemos talentos en la iglesia y perfeccionemos a más personas para servir. Esperamos que nadie, después de los 50 años, ya con bastón, esté todavía sirviendo solo. Es hora de perfeccionar a la nueva generación. Usemos a todos los hermanos. Una de las funciones del liderazgo consiste en poner a la persona correcta en el lugar correcto en el Cuerpo de Cristo. Si insiste en tener a una persona en el lugar equivocado, se sentirá desubicada, sin encargo, no logrará servir bien y, por último, se desanimará. Pero si usted la pone en otra función, de repente, esa persona manifestará un talento que estaba oculto, y el Cuerpo de Cristo se beneficiará.
Tenemos que orar al Señor para que nos dé sabiduría sobre cómo perfeccionar a las personas. Nunca diga que alguien, por haberse equivocado, o desanimado en su servicio al Señor, no sirve y que ya no se puede aprovechar en su función, nuevamente. Juan Marcos falló en el primer viaje, no pudo proseguir, pero al final se convirtió en un hombre útil a Pablo y al Señor (2 Ti 4:11). Nunca diga que un hermano es problemático, que no sabe hacer nada y que es un caso perdido. Onésimo fue un esclavo que le causó pérdidas a su amo, quizá no tenía ninguna educación, pero al final se convirtió en un colaborador de Pablo, muy útil en la iglesia en Colosas (Col 4:9). ¡No despreciemos a nadie! Ayudemos a todos los hermanos a ser miembros útiles en la vida de la iglesia. Que haya muchos pastores en la casa del Señor, cuidando de Su rebaño, dando frutos que permanezcan, y así alcanzaremos la meta del Señor. ¡Aleluya!
Punto Clave: Perfeccionar a todos los hermanos para servir al Señor.
Pregunta: ¿Usted ya ha ofrecido su hombro para cuidar de las personas junto con los hermanos?
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