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DIA DOMINGO

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DIA DOMINGO

Mensaje por hgo1939 el Dom Ago 07, 2016 3:35 am

[size=36]Domingo[/size]
Leer con oración:
Mt 7:24-27; Ro 8:4-5; Gá 5:16-25; Fil 2:1-4; 1 Jn 2:16-17; 4:19-21
 
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”(Gá 5:22-23)
Las Obras De La Carne Y El Fruto Del Espíritu
El objetivo de Dios al ponernos en la vida de la iglesia es que alcancemos la plena filiación, que es el crecimiento de la vida divina en nosotros. Eso significa alcanzar la realidad de la filiación, y no sólo el estatus de hijo. ¿Cómo podemos saber si la vida de Dios ha crecido en nosotros? El mejor “diagnostico” o indicador es si presentamos el fruto del Espíritu o las obras de la carne (Gá 5:19-23).
El Espíritu milita contra la carne y es contrario a nuestro ser natural. Por eso necesitamos vivir y andar por el Espíritu (Gá 5:16-18). Ser libre de las obras de la carne no es resultado del esfuerzo propio, sino de andar en el Espíritu (Ro 8:4-5). Como está escrito: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn 2:16-17).
Día a día, necesitamos ser libres de las obras de la carne (Gá 5:19-21), como adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, borracheras, orgías (esfera del cuerpo físico), idolatría, hechicerías (esfera espiritual), enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias (esfera de las relaciones).
Actualmente, uno de los mayores problemas entre los hijos de Dios es no saber relacionarse con el prójimo. El alma humana, compuesta por mente (pensamientos), emoción (deseos), y voluntad (disposición), es complicada. Los problemas entre matrimonios, padres e hijos, miembros de la iglesia, son señales evidentes de los obstáculos del alma para el avance del Señor en la iglesia y en Su obra.
Sólo en el Espíritu podemos negarnos a nosotros mismos y ser salvos de las obras de la carne. El fruto del Espíritu es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gá 5:22-25).
El camino aún más excelente es el amor de Dios, que jamás se acaba; es el combustible para amar a Dios y a nuestro prójimo, pues si decimos que amamos a Dios y aborrecemos a nuestro hermano, somos mentirosos, pues aquel que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve (1 Jn 4:19-21).
El énfasis del Señor es que practiquemos Su Palabra (Mt 7:24-27), y que, en Cristo, seamos exhortados en amor a pensar una misma cosa, tener el mismo amor y sentir, ser unidos en el alma, sin hacer nada por contienda o vanagloria, antes bien, con humildad, considerando a los demás superiores a nosotros mismos, no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros (Fil 2:1-4). ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Amar a los hermanos.
Pregunta: ¿Cómo podemos vencer al mundo y al pecado?
La iglesia en Armenia
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