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El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el Sáb Sep 21, 2013 2:35 am

Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

1 Corintios 11

Algunos proponentes de la Eucaristía argumentan que el capítulo 11 de 1 Corintios apoya la transubstanciación. Ellos se refieren al versículo 29 que declara: “Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí”. Una lectura profunda del capítulo 11 de 1 Corintios, revela que los corintios no estaban haciendo una distinción apropiada entre la comunión y las comidas comunes y corrientes. No discernir el cuerpo del Señor significa no discernir en el pan y el vino, los símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo, sino participar de ellos irreverentemente, como si se tratara de un banquete común y corriente.

Es evidente que esta fue la primera ofensa de los corintios. Esos que comían y bebían de una manera indigna, estaban emborrachándose y comiendo egoístamente ante otros miembros del cuerpo de Cristo. En los versículos 20 y 21 Pablo declara que esto era el problema. No hay indicación que el apóstol Pablo creyera o enseñara la transubstanciación.

De hecho, Pablo repetidamente se refirió al pan bendito como pan, después de haberlo bendecido. “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Co. 11:27, 28). Note que Pablo declara en el versículo 26: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.

Note también que Pablo explica que debemos celebrar la cena del Señor “hasta que él venga”. La frase “hasta que él venga” presupone que el Señor ha ascendido a las alturas. Son muchos los versículos de la Escritura que declaran que el cuerpo único de Jesús está en el cielo:

• “...Por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 P. 3:21, 22).

• “Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mt. 26:64).

• “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).

• “La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:20).

• “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1).

• “El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas... Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena... Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (He. 1:3; 9:24, 25; 12:2).

Por consiguiente, la cena del Señor es un recordatorio de su muerte y resurrección “hasta que él venga”. Esto concuerda con lo que Jesús ordenó cuando dijo: “Haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19).

Finalmente, es aparente que el capítulo 11 de 1 Corintios usa lenguaje figurado para describir la comunión. La copa es una figura: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre...” (1 Co. 11:25). La copa, claro está, no es el pacto real, sino símbolo de él. “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Co. 11:26). Es obvio que no vamos a beber la copa, sino que es una referencia figurada al vino que se encuentra dentro de ella.



La obra consumada

Tal vez el aspecto más perturbador de esta doctrina católica es que Cristo es sacrificado una y otra vez diariamente por los miles de sacerdotes católicos, y de que al recibir la Eucaristía los católicos obtienen el perdón de los pecados. En otras palabras, la iglesia católica enseña que la Eucaristía es una ofrenda de sacrificio capaz de expiar por nuestros pecados. Por consiguiente, Cristo siempre está sufriendo y muriendo cada vez que un sacerdote consagra la hostia. Así es como lo explica el Catecismo, en los siguientes parágrafos:

“1414 En cuanto a sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales.*

1405 ...En efecto, cada vez que se celebra este misterio, ‘se realiza la obra de nuestra redención’.*

1366 La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque representa - hace presente, el sacrificio de la cruz...”*

Esta enseñanza contradice directamente la Palabra Dios. Cuando Jesús murió sobre la cruz, proclamó: “Consumado es” (Jn. 19:30). La palabra griega que usó fue tetelestai. Es un término contable que significa: “Pagado por completo”. ¡La obra de nuestra salvación está completa! Cristo compró nuestra redención de una vez y para siempre en la cruz. Jesús no es sacrificado perpetuamente en la Eucaristía, tal como enseña la iglesia católica. El participar de la Eucaristía no apacigua a Dios, tampoco expía por el pecado. Si usted es católico, entonces los siguientes versículos pueden ser transformadores y revolucionarios si simplemente acepta la Palabra de Dios.

• “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:24-28).

• “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados... Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (He. 10:11-14, 18).

• “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive” (Ro. 6:9,10).

• “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

Continua........

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el Sáb Sep 21, 2013 2:38 am

Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

Encarnación, Ascensión, Segunda Venida

Hay muchas otras Escrituras que refutan la transubstanciación. Por ejemplo, la transubstanciación contradice la doctrina bíblica de la encarnación y ascensión. La Biblia nos dice que Jesús tenía un sólo cuerpo preparado para Él por el Padre. “...Mas me preparaste cuerpo” (He. 10:5). “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2:14).

Además, la Escritura nos dice claramente que el cuerpo único glorificado del Señor Jesucristo está en el cielo:

• “...Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 P. 3:21c, 22).

• “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1).

• “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo” (Ef. 4:10).

Son muchas, pero muchas las Escrituras que repiten una y otra vez que el cuerpo de Jesús está en el cielo:

• “Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mt. 26:64).

• “Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mr. 14:62).

• “Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Mr. 16:19).

• “Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios” (Lc. 22:69).

• “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hch. 7:55).

Luego entonces, si el cuerpo de Jesús está en el cielo, no puede encontrarse en los miles de sagrarios alrededor del mundo.

La transubstanciación también contradice las enseñanzas de la Biblia concerniente a la segunda venida de Cristo. Muchos católicos que creen que el Señor retornará a la tierra física y visiblemente, también creen que Cristo vendrá primero en su “forma Eucarística”. Sin embargo, la Biblia una vez más refuta esta noción:

• “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hch. 1:9-11).

• “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria” (Mr. 13:26).

• “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén” (Ap. 1:7).

• “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos...” (Jud. 14, 15a).

Jesús ascendió al cielo físicamente y retornará en su cuerpo glorificado - no en forma de una hostia. Además, si la Biblia nunca le adscribe más de un lugar a su cuerpo físico en un momento dado - tampoco debemos hacerlo nosotros. Cuando Jesús retorne en su cuerpo glorificado todo ojo le verá, por consiguiente la transubstanciación es anti-bíblica.

En el libro final de la Biblia, se describe la segunda venida de Cristo y se confirma como sigue: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos” (Ap. 19:11-14).



Misterio y milagros

La iglesia católica se refiere a la misa como un misterio. Sin embargo, la Biblia nunca alude a la comunión como un misterio, por lo tanto nosotros tampoco podemos hacerlo. Recuerde la advertencia en la Escritura de que no debemos corromper la verdad simple y pura del Evangelio: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (2 Co. 11:3).

Cuando el sacerdote consagra la hostia no ocurre nada. El pan sigue luciendo como pan, se siente, huele y sabe como pan. No hay ni un sólo milagro en la Biblia, en donde todas las evidencias externas revelen que no ha ocurrido nada. Los milagros en la Biblia siempre son tangibles y prácticos. Moisés en realidad separó las aguas del mar Rojo - no simplemente le pidió a las personas que lo cruzaran antes de dividirlo. Elías de hecho hizo descender fuego literal del cielo ante el horror de los profetas falsos. Jesús sanó literalmente a los enfermos, limpió a los leprosos y resucitó a los muertos. Dios nunca trató con la humanidad usando “milagros virtuales”.

Algunos pueden señalar a supuestos milagros Eucarísticos como evidencia de que la hostia consagrada es el cuerpo y la sangre literal de Cristo. Sin embargo, la Biblia nos advierte de que tales engaños ocurrirán en los últimos días. “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis” (Mt. 24:24-26).

El supuesto Jesús de la Eucaristía es un falso cristo, el cual según muchos profetas mentirosos se encuentra en los aposentos de miles de iglesias católicas. Además, como vamos a documentar son muchas las señales y prodigios mentirosos que acompañan la exposición y adoración de la Eucaristía. No sorprende que la Biblia revele que estos milagros Eucarísticos tangibles tienen un origen demoníaco.



El sacrificio “incruento”

La iglesia católica enseña que la Eucaristía es un sacrificio “incruento” - es decir sin sangre, en el cual Cristo es verdaderamente “inmolado” u ofrecido como víctima. De hecho, el término “hostia” se deriva de una palabra en latín que significa víctima. Por consiguiente, la ofrenda de la hostia es la perpetuación del sacrificio de Cristo de una manera incruenta para hacer expiación por nuestros pecados. Sin embargo, la Biblia declara de forma concisa que sin sangre no hay remisión de pecados:

• “...Y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).

• “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona” (Lv. 17:11).

Adicionalmente, en la Escritura nunca encontramos mención al pan o al vino como sacrificio. En la última cena el Señor tomó el pan y el vino de una mesa, no de un altar. Todos los sacrificios en la Biblia se hicieron sobre el altar. De hecho, Dios ordenó a los judíos en estas Escrituras que sólo tuvieran un altar:

• “Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová... Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando” (Dt. 12:11, 13, 14).

• “Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré” (Ex. 20:24).

• “Toda la congregación de Jehová dice así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de Israel para apartaros hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser rebeldes contra Jehová?” (Jos. 22:16).

Ciertamente, los discípulos judíos de Jesús sabían esto. Al igual que Dios, Jesús nunca se contradeciría a sí mismo. Las mesas son para comer y los altares para sacrificios.



Consecuencias eternas

Claramente, la doctrina católica de la Eucaristía es contraria a la Palabra de Dios. Pero... ¿Cuán serio es este error doctrinal? ¿Es lo suficientemente serio para determinar el destino eterno de una persona? Irónicamente, la siguiente cita de Peter Kreeft, quien fuera protestante y ahora es un fuerte proponente de la Eucaristía católica, expresa con exactitud el significado y consecuencias de someterse a esta creencia. Esto es lo que dice en las páginas 159 y 160 de su libro Jihad Ecuménico: “¡Qué punto de división es la Eucaristía! Uno de los dos lados, está bien, pero bien equivocado. Yo decía antes de esto: si los protestantes están en lo correcto, los católicos están cometiendo el terrible error de adorar idólatramente el pan y el vino como Dios. Pero si los católicos están correctos, los protestantes están en el error, igualmente terrible, de rehusarse a adorar a Cristo en donde está y están perdiéndose de la unión ontológica más real con Cristo que es posible en esta vida, en la santa comunión”.

Considere las repercusiones de lo que ha escrito Kreeft. Si los católicos están equivocados en su creencia y adoración de la Eucaristía, entonces son culpables de idolatría. Por consiguiente, están violando directamente el primero y segundo mandamientos, que dicen: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (Ex. 20:3-5).

Es imperativo que creamos y dirijamos toda adoración hacia el Jesús verdadero de la Biblia. El Señor advirtió que habría muchos cristos falsos. Siendo este el caso, ¿no deberían todos los que profesan ser cristianos escudriñar las Escrituras diligentemente para determinar la verdad? Este es el deseo de Dios:

• “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

• “Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lc. 4:4).

• “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el Sáb Sep 21, 2013 5:19 pm

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

¿Qué enseña la Biblia?

Ya hemos documentado lo que enseña la iglesia católico romana concerniente a la Eucaristía. Pero... ¿Qué dice la Biblia? La Biblia anima a los creyentes a estudiar “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27), y como dice 1 Tesalonicenses 5:21, a “Examinarlo todo y retener lo bueno”. Cada cristiano debe “Procurar con diligencia presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15). Obedecer el mandamiento de Dios es probar todas las cosas, por eso escudriñaremos las Escrituras para determinar qué enseña la Biblia concerniente a la Cena del Señor.

La última cena fue celebrada por los cristianos del primer siglo en obediencia a las palabras de Jesús: “Haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19). Esta celebración fue establecida por el Señor en la cena de Pascua cuando simbólicamente se ofreció a sí mismo como el Cordero Pascual de expiación. Su muerte real al día siguiente fue el cumplimiento de la profecía. Sólo Pablo usa la frase “la cena del Señor” en 1 Corintios 11:20, aunque se alude a ella en Apocalipsis 19:9, en donde se dice que los creyentes celebrarán “la cena de las bodas del Cordero”. Alrededor del año 100 de la era cristiana, los padres de la iglesia comenzaron a llamar a esta ocasión la Eucaristía, queriendo decir con esto acción de gracias por la bendición pronunciada sobre el pan y el vino. Dice el Diccionario Holman Bible, que los cristianos han celebrado la cena del Señor regularmente como una señal del nuevo pacto sellado por la muerte y resurrección de Cristo. Hoy la Eucaristía significa mucho más, que simplemente acción de gracias.



Éste es mi cuerpo

¿Por lo tanto qué fue exactamente lo que Jesús ordenó durante la última cena? Aquí está la descripción bíblica de los eventos que rodearon la última cena, cuando el Señor “...tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lc. 22:19, 20).

Además, los proponentes de la Eucaristía católica señalan a las palabras de Jesús registradas en el capítulo 6 del Evangelio de Juan. Aunque este capítulo no trata de ninguna manera con lo que dijo el Señor en la última cena, ciertamente sus palabras tal parece que estuvieran relacionadas con la comunión: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Jn. 6:51-55).

Vamos ahora a examinar la Palabra de Dios para entender el contexto y significado de la Escritura que atañe a la comunión (Las instrucciones de la Escritura concerniente a la comunión pueden encontrarse en los siguientes pasajes: Mateo 26:17-35; Marcos 14:12-31; Lucas 22:7-23; Juan 13:1-17, 26 y 1 Corintios 11:17-34).



Metáforas y Símiles

En toda la Biblia el contexto determina el significado. Los cristianos toman la Biblia literalmente a menos que el contexto exija una interpretación figurativa o simbólica. Antes de explorar las palabras de Jesús en el capítulo 6 de Juan y en otros lugares, revisemos unos pocos ejemplos de simbolismo en la Escritura. Estoy seguro que los eruditos están de acuerdo conmigo cuando digo que estos versículos son metafóricos. Una explicación sigue a cada pasaje:

• “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (Sal. 34:8).

Trate y experimente las promesas de Dios para que descubra que son verdaderas.

• “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:14).

Para esos que reciben el don de la salvación, el Espíritu de Cristo morará en sus almas, dándoles la seguridad que tienen vida eterna.

• “Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo” (Ez. 3:1, 2).

Recíbala en su corazón, incorpórela en su ser, y obedezca la Palabra de Dios.

• En un punto Jesús dijo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn. 2:19). Los judíos pensaban que el Señor hablaba del templo literal en Jerusalén, pero si seguimos leyendo en Juan 2:20 y 21, encontramos que se estaba refiriendo a su cuerpo.

• En otra ocasión, dijo: “Yo soy la vid verdadera...” (Jn. 15:1). Claro está, sabemos que Jesús no quiso decir que era una planta literal de vid, enrollada alrededor de una estaca.

• Cuando la Biblia dice de Dios en Salmos 91:4 que “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro...”, entendemos que el Creador no es un pájaro con plumas. Dios es el origen de toda la vida y nuestro proveedor y protector y estas figuras ilustran vívidamente esto.

En toda la Biblia se usa el lenguaje figurativo para comparar una cosa con otra, a fin de que quienes escuchan puedan visualizarlo y entenderlo fácilmente. Es aparente al escudriñar la entera Palabra de Dios, que el Señor a menudo emplea metáforas para pintarle imágenes al lector. De hecho, la Biblia nos dice que el Señor Jesucristo lo usó regularmente, para describir figurativamente una cosa como algo más. “Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba” (Mt. 13:34). Él mismo declaró: “Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre” (Jn. 16:25). Sin embargo, la Biblia siempre debe ser interpretada literalmente a menos que el contexto exija una explicación simbólica. Por lo tanto, ¿qué es lo que demanda el contexto del Evangelio de Juan y de otros evangelios?

Continua........
Ninguno de los textos citados es similar a lo que Jesús dijo en la Última Cena ni están dichos en el mismo contexto Pascual de la Última Cena. Es un error comparar textos que no hablan de lo mismo, ni en el mismo sentido y contexto porque eso es hacer un sofisma.
Jesús dijo: "Yo soy la vid verdadera". En la Última Cena dijo: "Esto es mi Cuerpo", refiriéndose al pan bendecido. Parecería a simple vista, para aquel que no presta atención a la construcción de ambas frases, que están construidas de la misma manera. Sin embargo, el sujeto en la primera es "Yo" y el predicado es "la vid verdadera". En la segunda, el sujeto es "Esto", refiriéndose al pan, y el predicado es "mi Cuerpo". Vemos que el sujeto y el predicado en ambas frases están cambiados, porque para que fuesen iguales tendría que haber tomado o señalado una parra y decir, "Esto soy yo", haciendo en una "Yo" función de sujeto y en la otra función de predicado.  Pero esto no lo hizo, por lo que se llega muy fácilmente a ver el simbolismo. Pero con el Cuerpo de Cristo no pasa lo mismo, Él dice la misma frase intercalando sujeto y predicado, cosa que no hizo ni con la Vid verdadera ni con la Puerta de las ovejas, ni con la Luz de mundo.
Con relación a Él y el Pan sí lo hace. Dice: "Yo soy el Pan vivo bajado del Cielo". Aquí "Yo" (Cristo) es sujeto y "el Pan vivo" es el predicado. Veamos ahora cómo lo que era sujeto en esta oración pasa a ser predicado y el predicado pasa a ser sujeto: "Esto es mi Cuerpo... esto es mi Sangre". Entiéndase Cuerpo y Sangre al modo judío, o sea, la totalidad de la persona, en este caso, Jesús. Aquí el Pan es el sujeto y Jesús es el predicado de la oración. Lo que en una oración era el sujeto en la otra es el predicado, y viceversa. De esta manera no hay simbolismo, no deja lugar a esa interpretación.
Otra cosa, en el primer post no está ni el 10% de la doctrina eucarística católica. ¿Por qué entonces dice "ya hemos documentado lo que enseña la Iglesia católica en lo concerniente a la Eucaristía"? Así se parte de una mentira, haciendo creer que ésa es toda la doctrina eucarística, cuando no es más que un retoque por encima de lo que hay mucho más en el interior y fondo de dicha doctrina. Así no podemos llegar a nada porque no se expone de verdad la doctrina católica completa. Y se necesita conocer la doctrina completa y entenderla para poder opinar correctamente sobre ella.

Janek
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el Sáb Sep 21, 2013 6:56 pm

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

Los hechos de la iglesia primitiva

La iglesia primitiva celebró la comunión frecuentemente y lo que hizo se encuentra registrado en el libro de Hechos. Vamos a examinar cómo los apóstoles y discípulos celebraban la comunión después de la ascensión de Jesús. Leemos en el libro de Hechos:

• “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42).

• “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hch. 2:46).

• “Y habiendo dicho esto, (Pablo) tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también” (Hch. 27:35, 36).

Los apóstoles del Señor, esos mismos que estuvieron presentes en la última cena, partían el pan diariamente, celebraban la comunión y ni una sola vez se refirieron al pan como el cuerpo literal, sangre y divinidad de Jesús. Incluso, el domingo, el cual es el día en que el Señor resucitó, ellos se refirieron a la comunión como simple pan. En un versículo clave en el libro de Hechos leemos: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche” (Hch. 20:7).

Note que los discípulos partían el pan el domingo, en memoria de la muerte y resurrección de Jesús. Escudriñe como lo hicimos nosotros, y así se dará cuenta que no hay ni siquiera insinuación alguna en el entero libro de Hechos que los discípulos consideraban el servicio de comunión, como algo más aparte de un servicio recordatorio. ¡Esto no disminuye su importancia, más bien enfatiza que la razón para la celebración de la comunión es recordar la obra completa de la cruz y que Jesús ahora está en el cielo como nuestro Rey triunfante!
La paz sea con todos.
Quien escribió esto parte de un desconocimiento muy profundo de los distintos nombres que tiene y ha tenido la Eucaristía. Uno de los más antiguos es "la fracción del Pan" el cual se mantiene aún en la Misa, pues el momento en que el presbítero parte la hostia consagrada y echa un trozo dentro del cáliz se llama "fracción del pan". Sin embargo, este pan ya ha sido consagrado y según nuestra fe no es pan sino el Cuerpo de Cristo. Pero se le llama fracción del pan, porque Cristo es el pan vivo bajado del Cielo. Por esta razón no es impropio llamarle fracción del pan, porque lo que se parte es el pan eucarístico.
Otro nombre es el de Eucaristía, que significa acción de gracias. También se le llamaba pan eucaristizado. ¿Por qué se le da este nombre? En el mismo texto citado de Hch 27,35 aparece claramente:
επας δ τατα κα λαβν ρτον εχαρίστησεν τ θε νώπιον πάντων κα κλάσας ρξατο σθίειν.
ρτον εχαρίστησεν (arton [pan] eucharistisen [acción de dar gracias]): Estas dos palabras aparecen juntas: pan y la acción de dar gracias. Por eso se le llamaba pan eucaristizado, o sea, el pan sobre el que se habían pronunciado las oraciones de acción de gracias a Dios.
San Pablo tomó el pan y dio gracias a Dios. Esta acción aparece en la liturgia eucarística desde los mismos tiempos apostólicos. Los Santos Padres la explican muy bien desde los dos primeros siglos, y aún la podemos disfrutar en la liturgia eucarística de las iglesias católica y ortodoxas. Eucaristía es, en la lengua griega, "acción de gracias", por eso en los dos primeros siglos le llamaban "pan eucaristizado" porque sobre él habían sido pronunciadas las bendiciones a Dios.
Los padres apostólicos, o sea, los que tuvieron relación directa con los apóstoles, hablan de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Citaré a algunos, por ejemplo:
San Ignacio de Antioquía, obispo de Antioquía desde el año 68 hasta el 107 d.C., y que había recibido su fe por la predicación de Pablo y Bernabé, dice en una de sus cartas:
«De la Eucaristía y de la oración se apartan (los docetas), porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por su benignidad resucitó el Padre. Por lo tanto, los que contradicen al don de Dios litigando, se van muriendo. Mejor les fuera amar para que también resucitasen». (Carta a la Iglesia de Esmirna 7,1).
Ireneo de Lyón, que fue discípulo de Policarpo de Esmirna, a su vez discípulo del apóstol San Juan, dice en su Adversus haereses:
«Cristo, dice Ireneo, toma en sus manos las criaturas, que son el pan y el vino, para convertirlas en su cuerpo y sangre».
Y hablando contra el argumento de los gnósticos que no creían en la encarnación y en la resurrección dice:
«¿Cómo dicen que no hay resurrección de la carne, si en la Eucaristía nos alimentamos con la carne resucitada de Cristo?»
San Justino mártir, en su carta al Emperador Antonino Pío, en el año 155, relata así la celebración eucarística cristiana y la fe que se profesaba, recibida de los apóstoles:
«El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas. Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas. Luego nos levantamos y oramos por nosotros… y por todos los demás dondequiera que estén, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna.
Luego se lleva al que preside el pan y una copa con vino y agua mezclados. El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones.
Al terminar el presidente las oraciones y la acción de gracias, exclama todo el pueblo a una voz: ‘Amén, Amén’, palabra hebrea que significa ‘Así sea’. Después de que el que preside ha dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los que entre nosotros se llaman diáconos dan a cada uno de los presentes a participar del pan y del vino y del agua eucaristi­zados que también llevan a los ausentes.
Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía, del cual a ningún otro es lícito participar sino al que cree que nuestra doctrina es verdadera, y que ha sido purificado por el bautismo para perdón de los pecados y para regeneración, y que vive como Cristo enseñó. Porque estas cosas no las tomamos como pan ordinario ni bebida ordinaria, sino que así como por el Verbo de Dios, habiéndose encarnado nuestro Salvador  tomó carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado mediante la palabra de oración procedente de él (alimento con el que nuestra carne y nuestra sangre se nutren con arreglo a nuestra transformación) es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó».
Son suficientes estos tres testimonios antiguos para darnos cuenta la fe de la Iglesia en sus primeros 100 años de existencia. Esto no niega ni que la fe en Jesucristo es la que nos trae la vida eterna, ni que la Vida eterna sea el mismo Jesús, porque la Eucaristía es el mismo Jesucristo y comporta la fe en Él y en sus palabras, incluidas: “Esto es mi Cuerpo… éste es el Cáliz de la Nueva Alianza pactada en mi Sangre”.
Todo el que crea lo contrario, ¿creerá verdaderamente en todo lo que enseñaron Jesús y sus apóstoles? ¿No será más bien que han tomado las Escrituras y las han interpretado según su razón humana y no en el espíritu de comunión con la Iglesia primitiva fundada por el mismo Cristo? Porque si la Iglesia primitiva creía que Jesús muerto y resucitado se hacía real y verdaderamente presente bajo las apariencias del pan y el vino (presencia sacramenta, no literal, ni simbólica, ni física), entonces, ¿por qué los que ahora no creen en esta fe apostólica se autodenominan seguidores de la sana doctrina? Más bien, quizás estén siguiendo doctrinas humanas modernas, porque la Iglesia, en sus 2000 años nunca tuvo otra doctrina eucarística que la fe en la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía. Todo lo que esté fuera de esto debe ser rechazado como anatema y contrario a Jesucristo.
 

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el Dom Sep 22, 2013 3:03 am

Bendiciones y paz para todos.
Respondiendo a sus objeciones:
"Ninguno de los textos citados es similar a lo que Jesús dijo en la Última Cena ni están dichos en el mismo contexto Pascual de la Última Cena. Es un error comparar textos que no hablan de lo mismo, ni en el mismo sentido y contexto porque eso es hacer un sofisma."
El autor no esta comparando los texto sino colocando ejemplos de similes y metaforas:
"Los cristianos toman la Biblia literalmente a menos que el contexto exija una interpretación figurativa o simbólica. Antes de explorar las palabras de Jesús en el capítulo 6 de Juan y en otros lugares, revisemos unos pocos ejemplos de simbolismo en la Escritura"
El sofisma lo realiza la Icar al tomar el texto de Juán 6 para respaldar ese dogma.
En cuanto a la gramática Española, creo que la Icar debe publicar un libro para poder interpretar lo que creen pues mi diccionario no sirve para entenderles.
Recuerde que los idiomas originales son el hebreo y el griego koine, y las traducciones al español son deficientes por eso hay que apoyarce en algunas herramientas hermeneuticas para poder entender el contexto.
Ustedes son muy buenos en literalizar solo cuando les conviene (como muchas sectas han hecho).

"Otra cosa, en el primer post no está ni el 10% de la doctrina eucarística católica. ¿Por qué entonces dice "ya hemos documentado lo que enseña la Iglesia católica en lo concerniente a la Eucaristía"? Así se parte de una mentira"
Cuando escribi el primer posteo hice la aclaración de que era un estracto, de hecho es solo la página 7 de las 15 que se refieren al tema, Como eran muchas no me parecio pertinente pegarlas todas; pero como siempre solo extraemos los que nos conviene de los textos.
Si desea (y como no se puede colocar enlaces externos) le invito a que busque la información en la internet.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el Dom Sep 22, 2013 3:28 am

Bendiciones y paz para todos.
Esta escrito:

Jer 23:28 El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano?--declara el SEÑOR.

2Ti 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.

Lo que usted o yo o Ignacio o Ireneo escriba tiene importancia en nuestras épocas y contextos, pero es en la Palabra de Dios donde esta el verdadero poder "pues Él hablo y fué hecho".
El significado de las escrituras son las Escrituras, es la revelación; y para poder entender su significado hay que esforzarce y escudriñar esas escrituras bajo la guia del Espiritu Santo, pues satanas siempre esta intentando oscurecer su verdadero significado.

Aunque la historia de la iglesia y sus representantes mas prominentes es importante no están sobre las Escrituras.
Sin embargo coloco este estracto de la carta de Ignacio a los Esmirneanos:
 
V. Pero ciertas personas, por ignorancia, le niegan, o más bien han sido negadas por Él, siendo abogados de muerte en vez de serlo de la verdad; y ellos no han sido persuadidos por las profecías ni por la ley de Moisés, ni aun en esta misma hora por el Evangelio, ni por los sufrimientos de cada uno de nosotros; porque ellos piensan también lo mismo con respecto a nosotros. Porque, ¿qué beneficio me produce [a mí] si un hombre me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que Él estaba en la carne? Pero el que no lo afirma, con ello le niega por completo y él mismo es portador de un cadáver. Pero sus nombres, siendo incrédulos, no considero apropiado registrarlos por escrito; es más, lejos esté de mí el recordarlos, hasta que se arrepientan y regresen a la pasión, que es nuestra resurreción.

VI. Que ninguno os engañe. Incluso a los seres celestiales y a los ángeles gloriosos y a los gobernantes visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo [que es Dios], les aguarda también el juicio. El que recibe, que reciba. Que los cargos no envanezcan a ninguno, porque la fe y el amor lo son todo en todos, y nada tiene preferencia antes que ellos. Pero observad bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a vosotros, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el Padre resucitó por su bondad.

VII. Así pues, los que contradicen el buen don de Dios perecen por ponerlo en duda. Pero sería conveniente que tuvieran amor, para que también pudieran resucitar. Es, pues, apropiado, que os abstengáis de los tales, y no les habléis en privado o en público; sino que prestéis atención a los profetas, y especialmente al Evangelio, en el cual se nos muestra la pasión y es realizada la resurrección.

Si usted juzga este texto desde la perspectiva catolica dira:
¡Miren! aqui Ignacio defiende la transubstanciación.
Pero no es asi pues cuando invetigamos e interpretamos su carta, pues como usted coloco entre parentesis (docetas) el amado Ignacio esta haciendo apologia contra la herejía docética que toma este nombre de la raíz griega dokéo (δοκέω), que significa parecer o parecerle a uno.
Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo de la era cristiana, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Es esta idea la que el apóstol Juan quiere desestimar cuando escribe su primera carta universal 1 Jn 1:1. Incluso el filósofo gnóstico Basílides afirmó, para explicar el traslado de la cruz, que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó.
La herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, que el cuerpo es la cárcel del espíritu, como decían los griegos. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.
Ignacio de Antioquía escribe a los fieles de Esmirna que Jesucristo es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilatos y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios.
Asi que amado hay que "escudriñarlo todo y retener lo bueno"

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el Lun Sep 23, 2013 3:04 pm

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Respondiendo a sus objeciones:
"Ninguno de los textos citados es similar a lo que Jesús dijo en la Última Cena ni están dichos en el mismo contexto Pascual de la Última Cena. Es un error comparar textos que no hablan de lo mismo, ni en el mismo sentido y contexto porque eso es hacer un sofisma."
El autor no esta comparando los texto sino colocando ejemplos de similes y metaforas:
"Los cristianos toman la Biblia literalmente a menos que el contexto exija una interpretación figurativa o simbólica. Antes de explorar las palabras de Jesús en el capítulo 6 de Juan y en otros lugares, revisemos unos pocos ejemplos de simbolismo en la Escritura"
El sofisma lo realiza la Icar al tomar el texto de Juán 6 para respaldar ese dogma.
En cuanto a la gramática Española, creo que la Icar debe publicar un libro para poder interpretar lo que creen pues mi diccionario no sirve para entenderles.
Recuerde que los idiomas originales son el hebreo y el griego koine, y las traducciones al español son deficientes por eso hay que apoyarce en algunas herramientas hermeneuticas para poder entender el contexto.
Ustedes son muy buenos en literalizar solo cuando les conviene (como muchas sectas han hecho).

"Otra cosa, en el primer post no está ni el 10% de la doctrina eucarística católica. ¿Por qué entonces dice "ya hemos documentado lo que enseña la Iglesia católica en lo concerniente a la Eucaristía"? Así se parte de una mentira"
Cuando escribi el primer posteo hice la aclaración de que era un estracto, de hecho es solo la página 7 de las 15 que se refieren al tema, Como eran muchas no me parecio pertinente pegarlas todas; pero como siempre solo extraemos los que nos conviene de los textos.
Si desea (y como no se puede colocar enlaces externos) le invito a que busque la información en la internet.
Pax vobis
Ya una vez y a otro forista le recordé que el DRAE no es exhaustivo. Además, los textos de la IC están en griego (los más antiguos), y en latín (antiguos y actuales). Hay muchas palabras de estas lenguas que no tienen un equivalente exacto, por eso hay que estudiar los textos originales en sus lenguas originales, y traducciones oficiales con sus aclaraciones pertinentes. A veces internet no lo tiene todo, por eso yo recurro a Bibliotecas o a librerías (en este caso porque me voy a quedar con los libros pues son de mi misma fe). Pero en bibliotecas católicas se pueden encontrar buenos libros que explican la doctrina católica para todos aquellos que quieran conocerla de verdad y no sólo de oídas, que os aseguro que de oídas no se aprende nada bien, sino muy tergiversado. Creo que eso es lo que aquí pasa. Y en cuestiones dogmáticas, teológicas y doctrinales católicas hay que cuidar mucho los términos porque cambiar uno solo ya puede cambiar muchas cosas y no decir lo mismo.
Sobre respaldar la IC su doctrina eucarística con Jn 6 no es tan así porque ése es más bien un método surgido en el protestantismo, el de la Sola Scriptura. Y no es Jn 6 el texto en el que se sustenta fundamentalmente la doctrina católica sobre la Eucaristía sino en los de la Institución Eucarística. San Pablo también es bastante elocuente sobre esta fe. Además, la doctrina eucarística no consiste únicamente en la trasubstanciación. Ése es un punto fundamental de nuestra fe, pero la Eucaristía no es sólo la trasubstanciación, es mucho más; y eso también hay que tenerlo muy en cuenta.
Pax vobis.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el Lun Sep 23, 2013 3:47 pm

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Esta escrito:

Jer 23:28 El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano?--declara el SEÑOR.

2Ti 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.

Lo que usted o yo o Ignacio o Ireneo escriba tiene importancia en nuestras épocas y contextos, pero es en la Palabra de Dios donde esta el verdadero poder "pues Él hablo y fué hecho".
El significado de las escrituras son las Escrituras, es la revelación; y para poder entender su significado hay que esforzarce y escudriñar esas escrituras bajo la guia del Espiritu Santo, pues satanas siempre esta intentando oscurecer su verdadero significado.

Aunque la historia de la iglesia y sus representantes mas prominentes es importante no están sobre las Escrituras.
Sin embargo coloco este estracto de la carta de Ignacio a los Esmirneanos:
 
V. Pero ciertas personas, por ignorancia, le niegan, o más bien han sido negadas por Él, siendo abogados de muerte en vez de serlo de la verdad; y ellos no han sido persuadidos por las profecías ni por la ley de Moisés, ni aun en esta misma hora por el Evangelio, ni por los sufrimientos de cada uno de nosotros; porque ellos piensan también lo mismo con respecto a nosotros. Porque, ¿qué beneficio me produce [a mí] si un hombre me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que Él estaba en la carne? Pero el que no lo afirma, con ello le niega por completo y él mismo es portador de un cadáver. Pero sus nombres, siendo incrédulos, no considero apropiado registrarlos por escrito; es más, lejos esté de mí el recordarlos, hasta que se arrepientan y regresen a la pasión, que es nuestra resurreción.

VI. Que ninguno os engañe. Incluso a los seres celestiales y a los ángeles gloriosos y a los gobernantes visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo [que es Dios], les aguarda también el juicio. El que recibe, que reciba. Que los cargos no envanezcan a ninguno, porque la fe y el amor lo son todo en todos, y nada tiene preferencia antes que ellos. Pero observad bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a vosotros, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el Padre resucitó por su bondad.

VII. Así pues, los que contradicen el buen don de Dios perecen por ponerlo en duda. Pero sería conveniente que tuvieran amor, para que también pudieran resucitar. Es, pues, apropiado, que os abstengáis de los tales, y no les habléis en privado o en público; sino que prestéis atención a los profetas, y especialmente al Evangelio, en el cual se nos muestra la pasión y es realizada la resurrección.

Si usted juzga este texto desde la perspectiva catolica dira:
¡Miren! aqui Ignacio defiende la transubstanciación.
Pero no es asi pues cuando invetigamos e interpretamos su carta, pues como usted coloco entre parentesis (docetas) el amado Ignacio esta haciendo apologia contra la herejía docética que toma este nombre de la raíz griega dokéo (δοκέω), que significa parecer o parecerle a uno.
Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo de la era cristiana, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Es esta idea la que el apóstol Juan quiere desestimar cuando escribe su primera carta universal 1 Jn 1:1. Incluso el filósofo gnóstico Basílides afirmó, para explicar el traslado de la cruz, que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó.
La herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, que el cuerpo es la cárcel del espíritu, como decían los griegos. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.
Ignacio de Antioquía escribe a los fieles de Esmirna que Jesucristo es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilatos y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios.
Asi que amado hay que "escudriñarlo todo y retener lo bueno"
Pax vobis.
Pues leí lo que citaste de Ignacio de Antioquía y no me pasó por la cabeza en ningún momento la trasusbtanciación. Te diré lo que me pasó por la cabeza mientras iba leyendo.
En el número V. entendí que estaba hablando de la encarnación del Verbo, encarnación real y no aparecente. Y esto, cuando dice Ignacio:
"si un hombre me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que Él estaba en la carne".

Claramente aquí Ignacio se está refiriendo a la verdad de la Encarnación de Dios.
En el número VI. entendí que estaba hablando del poder de la Sangre de Cristo, poder real de una sangre real, no aparente, en consonancia con lo dicho de la carne en el punto anterior.
En el número VII. entendí que hablaba de la verdad de la pasión y resurrección del Señor, que no es una pasión y una resurrección aparente, pues no es un cuerpo aparente sino real el que sufrió su pasión y el que resucitó.
Teniendo en cuenta estas cosas, lo que entendí del texto de Ignacio de Antioquía que cité en mi post anterior, viene en consonancia con todo esto. Dice así el texto:
«De la Eucaristía y de la oración se apartan (los docetas), porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por su benignidad resucitó el Padre. Por lo tanto, los que contradicen al don de Dios litigando, se van muriendo. Mejor les fuera amar para que también resucitasen». (Carta a la Iglesia de Esmirna 7,1).

Los docetas, al no aceptar la verdad de la Encarnación, sino afirmando ellos que el Cuerpo de Jesús es aparente, tampoco podían creer que en la Eucaristía estaba el Cuerpo verdadero de Cristo sino también el aparente. De todas maneras creían más que los evangélicos de hoy, porque entendían que el Señor no estaba hablando simbólicamente; y ya que creían que el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía era el mismo que el que había sumido al entrar en este mundo, para ellos no era un Cuerpo real sino sólo aparente.
De todas formas, Ignacio de Antioquía enseña aquí que el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía es real y verdadero, no aparente (como afirmaban los docetas), tampoco simbólico, como afirman los evangélicos.
La doctrina sobre el simbolismo del pan y del vino en la Santa Cena no es apostólica porque no la enseñaron ni los apóstoles ni sus colaboradores inmediatos, los cuales también fueron mártires de la fe en los primeros dos siglos. Esta doctrina del simbolismo es bastante moderna pues se desarrolla a partir de la edad moderna, a partir de la Reforma Protestante, y no con Lutero, que sí creía en la presencia real de Cristo en la Eucaristía aunque no en la trasubstanciación sino en la consubstanciación (permanecen las sustancias del pan y el vino junto con la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Cristo). El simbolismo d ela Última Cena es bastante nuevo, no tiene ni 500 años, mientras que la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía tiene casi 2000 años, como la Iglesia misma.
Pax vobiscum.

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