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El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/19/2013, 5:00 pm

Turokam, apologeta y arieh65 están como gatomalo, entendiendo a su forma y a su manera todo lo que he dicho. De veras, me ha sorprendido lo rápido que SoloEscritura entendió todo lo que he explicado. Lo entendió a la primera.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/19/2013, 8:36 pm

Bendiciones y paz para todos.
Amado Janek, me dirijo a usted por ser el representante mas versado en cuanto al dogma catolico y no por ninguna aversión hacia su persona, y espero que tampoco la haya de su parte.
Aunque me ha acusado de no entender lo que ha expuesto, le digo que le entiendo a la perfección lo que ha escrito según su entendimiento, con respecto a los argumentos implicados en el dogma.
Y por entenderlos he escrito lo que he escrito y le digo aun mas; si es tan necesaria la misa para hacer presente a Cristro ¿porque la escritura dicta lo siguiente?:

Mat 18:20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

¿Para que el rito entonces?
Si no es memorial, por que Cristo ordenó:

Lc 22:19 ................... haced esto en memoria de mí.

Y aún Pablo enseño:

1Co 11:23 Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,
1Co 11:24 y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí.
1Co 11:25 De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí.
1Co 11:26 Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que El venga.

Si es hasta que el venga, como pues dice su dogma que se hace presente realmente, en las especies, pues si viene cada vez que un sacerdote oficia entonces Cristo ya vino, ¿o viene en cada misa?
Si cristo ya vino e hizo su sacrificio como encaja la escritura en su dogma:

He 9:28 así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.

Bueno aunque olvidaba que es la tradición la que esta por encima de la Escritura.
O dira que hay que entenderlo de manera "espiritual" (que yo interpreto de manera mistica o gnostica)
Y en cuanto al rito es solo una manera clerical de hacer las cosas, para  tener poder sobre la feligrecia y sujetarla haciendo diferenciación entre clero y laico ( la mas aberrante de las doctrinas catolicas) que convierte en eunucos espirituales a la mayoria que les sigue.
Ya dije que no se si llorar, pues es tan triste que no se si usted lo sabe, que aunque participe piadosamente de cada eucaristia no sabe si es valida o no, pues tambien se evalua la intención del que oficia, que si no es la correcta anula el sacrificio; y eso amado si es triste.
Pero hay esperanza amados reciban a Cristo coman su carne que es verdadera comida y beban su sangre que es verdadera comida (oigan , crean, acepten y  practiquen su palabra) y seran salvos.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por ricardo perales el 9/19/2013, 10:24 pm

Dios está en todas partes; está dentro de nosotros, tal como dijo San Juan, que el Padre y el Hijo habitarían dentro de nosotros, o lo que dijo Pablo, que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.
También se dijo, donde están 2 o más personas reunidas en mi nombre, también está Él.
De igual manera dijo que si comemos el pan y el vino indignamente,en aquella época nos comenta Pablo, se enfermaban o morían, pues no discernían que era el cuerpo y la sangre del Señor, por lo cual también está Dios allí, por las palabras evocadoras del sacerdote.
Yo abrí un post sobre la hostia sangrante, que fue comentada por especialistas, y de verdad sangraba la hostia, Dios y la ciencia nos está confirmando que para el cristiano que es su cuerpo.
Repito, Dios está en todas partes, pero de manera especial en el pan y la sangre eucarístico.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por varyvar el 9/20/2013, 12:22 pm

@apologeta escribió:Cada vez que se comen la ostia sacrifican a Cristo lo cual es contrario a lo que dicen las escrituras.
Siempre escuché ese comentario en reuniones de hermanos protestantes ,evangelicos y grupos libres. Lo interesante que leyendo el catecismo catolico y ortodoxo en ninguna parte dice que en la Eucaristia se vuelve a sacrificar a Cristo.Lo que si enseña es tal como el Señor y luego el apostol Pablo indicaron; se trae a la memoria el sacrificio de Cristo, pero no solo eso, sino toda su persona y hechos vale decir: anunciación, encarnación, nacimiento, vida sujeta a sus padres,vida de ministerio a partir de su bautismo, su muerte, su resurreccion su asencion y su glorificacion en los cielos. Sew trae a memoria todo lo que El es. Tal como dió mandamiento
22:19 Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".


Ese comentario tan comun en verdad no se de donde comienza y si tienes un respaldo oficial para decirlo..porfa..

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por varyvar el 9/20/2013, 12:57 pm

Turokam dices:

Amado Janek y el amado varyvar, han tenido la oportunidad de exponer esta herejia o dogma catolico, y se han exaltado entre ustedes mismos teniendo, creo yo, una epifania (que yo llamaria delirio).
Es una heregia por varias razones, escriturales:
Lamento mucho tu juicio.
1.- Comno puedes llamar erejia y delirio la fe en la eucaristia siendo un mandamiento dado por el Señor,del cuál quizas nunca has participado.

2.-Cuando en la Eucaristia se niega que el sacrificio de Cristo fue hecho una vez y para siempre,cuando vuelva no viene como un cordero sino como Juez y Rey.Es precisamente ese sacrificio hecho de una vez y para siempre el que traemos a la memoria y todo su Ser hasta que El vuelva.

3.-No se vuelve a sacrificar a Cristo como hombre puesto que El ya no muere más, es ahora un hombre glorificado el cual es Dios sobre todas las cosas.Quienes participamos de la Eucaristia por el Sacramento oficiado por el Sacerdote El señor GLORIFICADO se hace presente en medio de nosotros y en nosotros por el poder del E.Santo, porque el Espiritu también es el Señor como dice el Apostol:2cor 3:17 Porque el Señor es el Espíritu, .
Entonces todo lo espiritual de hace verdad al participar de mandamiento Eucaristico..Lo demas son dardos levantados pór el enemigo para atacar algo tan sublime como este deseo del Señor.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 1:06 pm

Bendiciones y paz para todos.
Amado varyvar se que sus preguntas son bién intencionadas, y se por expereiencia propia que este dogma es cardinal para sus creencias; pero le digo que no es escrituralmente correcta, al no ser correcta es mentira.
Le coloco un extracto del concilio vaticano II sobre este tema:

CAPÍTULO I

PRINCIPIOS GENERALES PARA LA REFORMA
Y FOMENTO DE LA SAGRADA LITURGIA

Presencia de Cristo en la Liturgia

7. Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas...........

Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.
12...............Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que, "recibida la ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una "ofrenda eterna" para Sí.

Es mas aberrante y blasfemo todavia, no lo consideran otro sacrificio, sino el mismo sacrificio, amado entiende la profundidad y alcance de este rito, pues iguala al mismo grado el sacrificio de Cristo y eleva al sacerdote al convertirlo en alter Christus (otro Cristo) teniendo la misma eficacia para salvación.
En otras palabras si usted come la hostia sera salvo por esa causa, comprende ahora por que la oposición a este dogma.
Demerita el sacrificio del Señor haciendo necesario otro mediador (el sacerdote) quien vueve a inmolar al cordero.
Como esta escrito:
1Co 11:29 Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por varyvar el 9/20/2013, 1:19 pm

Hermano Tutokam:
12...............Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que, "recibida la ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una "ofrenda eterna" para Sí.
Pero aqui no dice que Cristo es sacrificado como lo fué en el Calvario.Aqui dice que es una ofrenda espiritual,hermano, y se le ruega que tambien haga de nosotros una ofrenda espiritual para El.
Todo es Espiritual, eso es lo que no han podido entender y lo que Janek intenta con mucho amor exponer sobre todo a Gatomalo por su oposicion cerrada. Vealo asi Ud hermano ,es espiritual y no que se sacrifique de nuevo a Cristo en la carne, eso se trae a la memoria allí.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por varyvar el 9/20/2013, 1:42 pm

Amados :
Esto es un escrito de la ICA ortodoxa..Aqui es muy claro que no se vuelve a realizar lo sucedido en el Calvario sino una transformación:

Según el Concilio de Constantinopla celebrado en 1156, la Eucaristía es ofrecida a la Trinidad, y según dice San Nicolás Cabasilas en su Comentario a la Divina Liturgia:
El sacrificio no es mera expresión figurativa ni símbolo, sino verdadero sacrificio; no es el pan lo que se sacrifica, sino el mismo Cuerpo de Cristo; el Cordero de Dios fue sacrificado una vez nada más y para siempre… El sacrificio eucarístico consiste no en la verdadera y cruenta inmolación del Cordero, sino en la transformación del pan en el Cordero sacrificado.
La Eucaristía no es ni mera conmemoración ni representación imaginaria del sacrificio de Cristo, sino el propio sacrificio, auténtico; sin embargo, no es un nuevo sacrificio, ni la repetición del sacrificio del Calvario, puesto que el Cordero fue sacrificado una vez nada más y para siempre. Los episodios ocurridos en el sacrificio de Cristo: la Encarnación, el Cenáculo, la Crucifixión, la Resurrección y la Ascensión, no se repiten en la Eucaristía, sino que se hacen presentes. Como dice P. Evdokimov en su libro La Ortodoxia:

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/20/2013, 6:23 pm

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Amado Janek, me dirijo a usted por ser el representante mas versado en cuanto al dogma catolico y no por ninguna aversión hacia su persona, y espero que tampoco la haya de su parte.
Aunque me ha acusado de no entender lo que ha expuesto, le digo que le entiendo a la perfección lo que ha escrito según su entendimiento, con respecto a los argumentos implicados en el dogma.
Y por entenderlos he escrito lo que he escrito y le digo aun mas; si es tan necesaria la misa para hacer presente a Cristro ¿porque la escritura dicta lo siguiente?:

Mat 18:20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

¿Para que el rito entonces?
Si no es memorial, por que Cristo ordenó:

Lc 22:19 ................... haced esto en memoria de mí.
La paz sea contigo siempre.
Lo primero que quiero decir es que hacia tu persona siento bastante admiración. Nunca he sentido aversión por nadie, menos por ti. Y cuando escribo no lo hago enojado ni nada de eso. Lo aclaro por si acaso alguien lo piensa así.
Dices que conoces la doctrina católica, en específico la de la eucaristía. Sin embargo, ¿cómo una persona que dice conocer esta doctrina puede hacer una pregunta que denota lo contrario?
¿Por qué denota lo contrario? Porque según su pregunta:
@Turokam escribió:si es tan necesaria la misa para hacer presente a Cristo ¿porque la escritura dicta lo siguiente?:

Mat 18:20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

¿Para que el rito entonces?
Si no es memorial, por que Cristo ordenó:

Lc 22:19 ................... haced esto en memoria de mí.
En esta pregunta hay dos concepciones erróneas sobre la Eucaristía, o sobre la doctrina católica sobre la Eucaristía.
1. Que es la única presencia real de Cristo.
2. Que la Eucaristía no es un memorial.
Citaré textos de Catecismo de la Iglesia Católica que hablan sobre estos dos puntos, y veremos que su pregunta muestra un desconocimiento en lo referente a esos dos puntos.
Del punto 1 citaré el numeral 1373 del Catecismo de la Iglesia Católica, que dice así:
1373 "Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros" (Rm 8,34), está presente de múltiples maneras en su Iglesia (cf LG 48): en su Palabra, en la oración de su Iglesia, "allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre" (Mt 18,20), en los pobres, los enfermos, los presos (Mt 25,31-46), en los sacramentos de los que Él es autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro. Pero, "sobre todo, (está presente) bajo las especies eucarísticas" (SC 7).
La Eucaristía no es la única presencia de Cristo, es una de las formas de Cristo estar presente entre sus discípulos.
Del punto 2 citaré los numerales 1362-1367 del Catecismo de la Iglesia Católica, que dicen así:
El memorial sacrificial de Cristo y de su Cuerpo, que es la Iglesia
1362 La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la liturgia de la Iglesia que es su Cuerpo. En todas las plegarias eucarísticas encontramos, tras las palabras de la institución, una oración llamadaanámnesis o memorial.
1363 En el sentido empleado por la Sagrada Escritura, el memorial no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres (cf Ex 13,3). En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. De esta manera Israel entiende su liberación de Egipto: cada vez que es celebrada la pascua, los acontecimientos del Éxodo se hacen presentes a la memoria de los creyentes a fin de que conformen su vida a estos acontecimientos.
1364 El memorial recibe un sentido nuevo en el Nuevo Testamento. Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y ésta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual (cf Hb 7,25-27): «Cuantas veces se renueva en el altar el sacrificio de la cruz, en el que "Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado" (1Co 5, 7), se realiza la obra de nuestra redención» (LG 3).
1365 Por ser memorial de la Pascua de Cristo, la Eucaristía es también un sacrificio. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las palabras mismas de la institución: "Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros" y "Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que será derramada por vosotros" (Lc 22,19-20). En la Eucaristía, Cristo da el mismo cuerpo que por nosotros entregó en la cruz, y la sangre misma que "derramó por muchos [...] para remisión de los pecados" (Mt 26,28).
1366 La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque representa (= hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto:

    «(Cristo), nuestro Dios y Señor [...] se ofreció a Dios Padre [...] una vez por todas, muriendo como intercesor sobre el altar de la cruz, a fin de realizar para ellos (los hombres) la redención eterna. Sin embargo, como su muerte no debía poner fin a su sacerdocio (Hb 7,24.27), en la última Cena, "la noche en que fue entregado" (1 Co 11,23), quiso dejar a la Iglesia, su esposa amada, un sacrificio visible (como lo reclama la naturaleza humana) [...] donde se representara el sacrificio sangriento que iba a realizarse una única vez en la cruz, cuya memoria se perpetuara hasta el fin de los siglos (1 Co 11,23) y cuya virtud saludable se aplicara a la remisión de los pecados que cometemos cada día (Concilio de Trento: DS 1740).

1367 El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio: "La víctima es una y  la misma. El mismo el que se ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, el que se ofreció a sí mismo en la cruz, y solo es diferente el modo de ofrecer" (Concilio de Trento: DS 1743). "Y puesto que en este divino sacrificio que se realiza en la misa, se contiene e inmola incruentamente el mismo Cristo que en el altar de la cruz "se ofreció a sí mismo una vez de modo cruento"; […] este sacrificio [es] verdaderamente propiciatorio" (Ibíd).
_________________________
Como habrás podido notar, no es así como tú pensabas. Además, no considero una acusación decir que alguien desconoce algo. Todos desconocemos muchísimas cosas. Y como no eres católico es bastante lógico que desconozcas nuestra doctrina. No tiene nada de malo desconocer la doctrina católica. Eso pienso yo. Ahora, para un católico desconocer su propia doctrina sí pienso que sea una irresponsabilidad y un descuido demasiado culpable.
Bendiciones.


Última edición por Janek el 9/20/2013, 7:04 pm, editado 1 vez
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/20/2013, 6:38 pm

arieh65 escribió:
@Janek escribió:De veras, me ha sorprendido lo rápido que SoloEscritura entendió todo lo que he explicado. Lo entendió a la primera.
¡También a mí!

¿Pero, el hecho de que te haya entendido, significará que está de acuerdo con esas enseñanzas católicas? Yo no lo creo.

Ahora. Creo que te apresuraste al emitir juicio según tus conclusiones. ¿Te has dado cuenta que no he participado en este tema excepto al principio del mismo y ahora?

Por mi, puedes pensar lo que desees acerca de mi percepción de tu conocimiento; pero yo no me he pronunciado a favor ni en contra.

Paz.
Entender y estar de acuerdo no son sinónimos. Ni SoloEscritura ha dicho que estaba de acuerdo conmigo, ni yo nunca dije que había entendido eso, sólo que entendió a la primera todo lo que yo había explicado. ¡Y mira que yo sé que no es fácil entenderme a la primera!
Amigo mío, no juzgué cómo percibes mi conocimiento, sino que juzgué, según tus palabras, que no se correspondían con un entendimiento de las mías, el cual si vi en SoloEscritura.
Por esta razón, no pienso que hayas dicho nada en contra de mi doctrina, y mucho menos de mí. Tú siempre has sido muy respetuoso con todos. Una persona que mal interpreta a otra en lo que dice, con todo lo que diga desde esa mala interpretación nunca podrá decir nada en contra ni a favor de lo que dijo la otra persona, simplemente porque entendió mal lo que la otra persona dijo.
No sé por qué a las personas les molesta tanto que se les diga que no entienden alguna explicación que uno da. A mí no me molesta que me lo digan porque yo no soy Dios, no tengo por qué entenderlo todo, somos humanos, y necesitamos a veces que nos expliquen de muchas formas lo mismo para entenderlo, además de poner el verdadero empeño en entenderlo, y eso es fundamental para poder entender.
Bendiciones.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/20/2013, 6:54 pm

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Amado varyvar se que sus preguntas son bién intencionadas, y se por expereiencia propia que este dogma es cardinal para sus creencias; pero le digo que no es escrituralmente correcta, al no ser correcta es mentira.
Le coloco un extracto del concilio vaticano II sobre este tema:
 
CAPÍTULO I

PRINCIPIOS GENERALES PARA LA REFORMA
Y FOMENTO DE LA SAGRADA LITURGIA

Presencia de Cristo en la Liturgia

7. Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas...........

Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.
12...............Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que, "recibida la ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una "ofrenda eterna" para Sí.

Es mas aberrante y blasfemo todavia, no lo consideran otro sacrificio, sino el mismo sacrificio, amado entiende la profundidad y alcance de este rito, pues iguala al mismo grado el sacrificio de Cristo y eleva al sacerdote al convertirlo en alter Christus (otro Cristo) teniendo la misma eficacia para salvación.
En otras palabras si usted come la hostia sera salvo por esa causa, comprende ahora por que la oposición a este dogma.
Demerita el sacrificio del Señor haciendo necesario otro mediador (el sacerdote) quien vueve a inmolar al cordero.
Como esta escrito:
1Co 11:29 Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí.
Sí, Turokam, no es otro sacrificio sino el mismo sacrificio de la Cruz. Pero quiero que entiendas bien qué quiere decir esto. Cuando decimos que es el mismo sacrificio no estamos diciendo que repetimos la crucifixión, no estamos diciendo que lo crucificamos otra vez, sino que Jesucristo muerto y resucitado se hace presente en medio de su Pueblo, en la asamblea reunida en su Nombre. No lo sacrificamos otra vez, no lo crucificamos otra vez, sino que es como si estuviésemos presentes en aquel momento en el que Cristo se sacrificó por nosotros una vez y para siempre.
La expresión Alter Christus, dicha sobre el sacerdote en su función litúrgica, no quiere decir que lo convertimos en Cristo, sino que no es el sacerdote el que ofrece, sino que es Cristo. El sacerdote es sólo un instrumento, nada más, un sacramento.
Yo lo que creo que ustedes no entienden lo que queremos decir cuando hablamos de que una cosa es sacramento. Eso lo he notado en todos vuestros posteos. Y creo que es una de las causas fundamentales por la que no nos entienden a los católicos de Foro que estamos debatiendo en este tema. Ya lo he dicho varias veces: entendiendo el término "sacramento" todo lo demás se entiende más fácil. tengo la impresión que ahí está el quid de la cosa de por qué no entendéis bien lo que explicamos.
El sacerdote no es otro mediador, porque no es Él el que ofrece sino Cristo, único mediador. Tú eres el que le estás dando al sacerdote más relevancia de la que en verdad tiene dentro de la doctrina católica. Él ni siquiera ocupa el lugar de Cristo porque ese lugar sólo pertenece a Él, a Cristo Jesús. El sacerdote sólo es un instrumento, porque su sacerdocio es un sacramento.
Otra cosa, dices que pensamos que comer la hostia consagrada es la causa por la que nos salvaremos. Eso parece superstición. Nunca la IC ha tratado en esos términos casi mágicos la comunión eucarística.
Sé que si entendieras todo lo que tratamos de explicar pensarías distinto. No digo que te harías católico u ortodoxo, pero sí pensarías distinto con respecto a la Eucaristía y verías la grandeza de todo lo que comentamos aquí, o sea, del regalo que Cristo nos ha hecho con la Eucaristía.
Dios te bendiga grandemente hermano mío muy querido.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:24 pm

Bendiciones y paz para todos.
No es mi estilo (copiar y pegar) pero dado lo complejo y extenso de las implicaciones del dogma, me van a permitir (no se como lo van aimpedir, ja, ja ja,) colocar un estudio completo sobre el tema que refleja muy bien lo que opino sobre esta cuestión, tomado de la página Radiodifusión América.
Es un estracto del apendice B del libro de Jim Tetlow Mensajes del cielo: Un examen bíblico de los mensajes de la Reina del Cielo en los últimos días, publicado por Producciones Eternas, lo colocaré en varias prtes para hacerlo mas practico.

La Eucaristía mantiene el escenario central

La Eucaristía es el centro de la fe católico romana. Es el componente central de la misa. El sacramento de sacramentos. Sin duda, la iglesia de Roma conceptúa la doctrina de la Eucaristía y la presencia real de Cristo como de máxima importancia. La falla en reconocer esta verdad es considerada por Roma como un grave sacrilegio. El Catecismo oficial de la iglesia católica no deja duda sobre este punto. Dice:

1324: “La Eucaristía es ‘fuente y cima de toda la vida cristiana’. Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan”.*

2181: “La Eucaristía del Domingo fundamenta y ratifica toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto...” *

2120: “...El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente sustancialmente”.*



Doctrina católica

La iglesia católica enseña que una vez que el sacerdote católico ha consagrado la hostia de pan durante la comunión, el pan eucarístico se convierte en el cuerpo, sangre, alma y divinidad literal y real de Jesucristo. A este proceso se le llama transubstanciación y está descrito en el Catecismo de la iglesia católica, párrafos 1373 al 1377. Por consiguiente, la hostia de la comunión ya no es más pan, sino Jesús bajo la apariencia de pan, y es por consiguiente digno de adoración y reverencia. El Catecismo Católico declara brevemente:

1374: “...En el santísimo sacramento de la Eucaristía están ‘contenidos verdadera, real y substancialmente’ el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero...”*

1380: “...La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto Eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración”.*

1418: “Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar es preciso honrarlo con culto de adoración...”*
CONTINUA....
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:25 pm

Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

¿Qué enseña la Biblia?

Ya hemos documentado lo que enseña la iglesia católico romana concerniente a la Eucaristía. Pero... ¿Qué dice la Biblia? La Biblia anima a los creyentes a estudiar “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27), y como dice 1 Tesalonicenses 5:21, a “Examinarlo todo y retener lo bueno”. Cada cristiano debe “Procurar con diligencia presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15). Obedecer el mandamiento de Dios es probar todas las cosas, por eso escudriñaremos las Escrituras para determinar qué enseña la Biblia concerniente a la Cena del Señor.

La última cena fue celebrada por los cristianos del primer siglo en obediencia a las palabras de Jesús: “Haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19). Esta celebración fue establecida por el Señor en la cena de Pascua cuando simbólicamente se ofreció a sí mismo como el Cordero Pascual de expiación. Su muerte real al día siguiente fue el cumplimiento de la profecía. Sólo Pablo usa la frase “la cena del Señor” en 1 Corintios 11:20, aunque se alude a ella en Apocalipsis 19:9, en donde se dice que los creyentes celebrarán “la cena de las bodas del Cordero”. Alrededor del año 100 de la era cristiana, los padres de la iglesia comenzaron a llamar a esta ocasión la Eucaristía, queriendo decir con esto acción de gracias por la bendición pronunciada sobre el pan y el vino. Dice el Diccionario Holman Bible, que los cristianos han celebrado la cena del Señor regularmente como una señal del nuevo pacto sellado por la muerte y resurrección de Cristo. Hoy la Eucaristía significa mucho más, que simplemente acción de gracias.



Éste es mi cuerpo

¿Por lo tanto qué fue exactamente lo que Jesús ordenó durante la última cena? Aquí está la descripción bíblica de los eventos que rodearon la última cena, cuando el Señor “...tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lc. 22:19, 20).

Además, los proponentes de la Eucaristía católica señalan a las palabras de Jesús registradas en el capítulo 6 del Evangelio de Juan. Aunque este capítulo no trata de ninguna manera con lo que dijo el Señor en la última cena, ciertamente sus palabras tal parece que estuvieran relacionadas con la comunión: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Jn. 6:51-55).

Vamos ahora a examinar la Palabra de Dios para entender el contexto y significado de la Escritura que atañe a la comunión (Las instrucciones de la Escritura concerniente a la comunión pueden encontrarse en los siguientes pasajes: Mateo 26:17-35; Marcos 14:12-31; Lucas 22:7-23; Juan 13:1-17, 26 y 1 Corintios 11:17-34).



Metáforas y Símiles

En toda la Biblia el contexto determina el significado. Los cristianos toman la Biblia literalmente a menos que el contexto exija una interpretación figurativa o simbólica. Antes de explorar las palabras de Jesús en el capítulo 6 de Juan y en otros lugares, revisemos unos pocos ejemplos de simbolismo en la Escritura. Estoy seguro que los eruditos están de acuerdo conmigo cuando digo que estos versículos son metafóricos. Una explicación sigue a cada pasaje:

• “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (Sal. 34:8).

Trate y experimente las promesas de Dios para que descubra que son verdaderas.

• “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:14).

Para esos que reciben el don de la salvación, el Espíritu de Cristo morará en sus almas, dándoles la seguridad que tienen vida eterna.

• “Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo” (Ez. 3:1, 2).

Recíbala en su corazón, incorpórela en su ser, y obedezca la Palabra de Dios.

• En un punto Jesús dijo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn. 2:19). Los judíos pensaban que el Señor hablaba del templo literal en Jerusalén, pero si seguimos leyendo en Juan 2:20 y 21, encontramos que se estaba refiriendo a su cuerpo.

• En otra ocasión, dijo: “Yo soy la vid verdadera...” (Jn. 15:1). Claro está, sabemos que Jesús no quiso decir que era una planta literal de vid, enrollada alrededor de una estaca.

• Cuando la Biblia dice de Dios en Salmos 91:4 que “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro...”, entendemos que el Creador no es un pájaro con plumas. Dios es el origen de toda la vida y nuestro proveedor y protector y estas figuras ilustran vívidamente esto.

En toda la Biblia se usa el lenguaje figurativo para comparar una cosa con otra, a fin de que quienes escuchan puedan visualizarlo y entenderlo fácilmente. Es aparente al escudriñar la entera Palabra de Dios, que el Señor a menudo emplea metáforas para pintarle imágenes al lector. De hecho, la Biblia nos dice que el Señor Jesucristo lo usó regularmente, para describir figurativamente una cosa como algo más. “Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba” (Mt. 13:34). Él mismo declaró: “Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre” (Jn. 16:25). Sin embargo, la Biblia siempre debe ser interpretada literalmente a menos que el contexto exija una explicación simbólica. Por lo tanto, ¿qué es lo que demanda el contexto del Evangelio de Juan y de otros evangelios?

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:27 pm

Bendiciones y paz par todos:
Continuación:

Juan capítulo 6

Si leemos todo el capítulo 6 del Evangelio de Juan, no sólo tenemos el contexto, sino también unas revelaciones asombrosas de lo que quiso decir Jesús, cuando declaró que debemos comer su carne y beber su sangre. El capítulo 6 comienza con el relato de Jesús alimentando a los 5.000, seguido por la narración del momento en que caminó sobre el agua. Comenzando en el versículo 22, encontramos que al día siguiente, las personas estaban buscando al Señor por las razones equivocadas, lo cual podemos entender por las palabras de Jesús en los versículos 26 y 27: “Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre”.

Estos versículos comienzan a estructurar el contexto de lo que sigue, específicamente, que Jesús enfatizó la necesidad de ellos de buscar la vida eterna. Él pasa a explicarles cómo obtener la vida eterna. Y en el versículo 28, cuando las personas le preguntaron, “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Jn. 6:28, 29).

Aquí el Señor Jesucristo especifica que sólo hay una obra que place a Dios, y eso es creer en Él como el enviado de su Padre. Jesús volvió a enfatizar esto en el versículo 35: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Jn. 6:35). Note el imperativo “el que a mí viene... y el que en mí cree”. Jesús vuelve a repetir lo mismo en el versículo 40 donde dice: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:40).



El pan de vida

Jesús no pudo haber sido más claro - cuando nos acercamos y confiamos en Él, recibimos vida eterna. En este punto en la narrativa, los judíos se quejaban porque había dicho: “Yo soy el pan que descendió del cielo” (Jn. 6:41). Jesús respondió a sus murmuraciones en los versículos 42 al 58, en donde dice que verdaderamente “...Es el pan que descendió del cielo...” (Jn. 6:58), y que deben comer su carne y beber su sangre para obtener vida eterna. Sin embargo, vamos a recordar el contexto de esta declaración. Primero, Jesús se contrasta a sí mismo con el maná que descendió del cielo sobre sus antepasados y los sostuvo durante su jornada, aunque finalmente todos ellos murieron. Sin embargo, ahora se ofrece como el pan vivo, haciendo que esos que lo coman vivan para siempre.

Jesús no es ese maná perecedero que sus antepasados comieron en el desierto, es el pan eterno de vida que vive para siempre. Sólo con participar en esta vida eterna podemos esperar vivir con Él para siempre. Este contraste fortalece su mensaje principal, el cual está registrado en el versículo 47 en donde dice: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (Jn. 6:47). Note que el Señor dice que tan pronto creemos en Él tenemos vida eterna, esto en el tiempo presente. No es algo que aspiramos o esperamos poder alcanzar en el futuro, sino más bien algo que recibimos de inmediato al creer.

Cuando Jesús dijo estas palabras se encontraba en la sinagoga de Capernaum, “Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum” (Jn. 6:59), y no tenía entonces ni pan, ni vino. Por consiguiente, o estaba ordenando que fuesen caníbales o hablaba figurativamente. Si hubiera hablado literalmente, entonces habría contradicho directamente a Dios el Padre, quien ordenó: “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Gn. 9:4). Por consiguiente, como el propio Jesús dijo, que “la Escritura no puede ser quebrantada” (Jn. 10:35), es obvio que estaba hablando metafóricamente. Y eso fue exactamente, tal como lo explican sus propias palabras en los versículos subsiguientes.



La carne para nada aprovecha

Después de esto, en el versículo 60, encontramos que muchos de sus discípulos dijeron: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (Jn. 6:60). Jesús estaba al tanto de sus quejas y respondió en los versículos 61 hasta el 64 diciendo: “...¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar” (Jn. 6:61-64). Pero, espere un minuto, el Señor dice que ¡“la carne para nada aprovecha”! Pero... ¿Es que acaso Jesús no había dicho que debemos comer su carne? Sin embargo, si la carne no aprovecha para nada, entonces debía estar hablando en términos espirituales. Y eso fue exactamente lo que dijo - “las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”.

Jesús usa exactamente la misma palabra griega sarx, para carne, tal como hizo en los versículos anteriores. ¡Por consiguiente, debemos concluir que comer su carne literal para nada aprovecha! Si es el Señor mismo quien establece el contexto del diálogo, haríamos muy bien en escucharlo. Él afirmó que las palabras que hablaba eran espíritu y que la carne de nada aprovecha.

Si eso no es lo suficientemente claro, las palabras de Pedro no dejan espacio para la duda. Siguiendo inmediatamente el diálogo con los judíos, algunos de los cuales se apartaron, Jesús le dijo a los doce apóstoles: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Jn. 6:67). La respuesta de Pedro es profunda, se encuentra registrada en los versículos 68 y 69: “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. ¡Asombroso! Pedro no dijo que tenemos que creer que debemos comer su carne para vivir. Sino que “hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. ¡Esta es la confesión de fe que conduce hacia la vida eterna, no el comer la carne de Jesús y beber su sangre! Esto también concuerda con la totalidad de las Escrituras. Permítame presentarle una muestra.

• “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro. 10:9).

• “Y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hch. 16:30, 31).

• “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).



Sentido espiritual

En el capítulo 6 de Juan, Jesús claramente contrasta los beneficios temporales del maná físico con los beneficios eternos de la vida en el Espíritu. Este tema se repite a lo largo de la Palabra de Dios. En toda la Biblia, los beneficios limitados y temporales de la carne son contrastados con los beneficios infinitos y eternos del Espíritu. El consumir maná, incluso maná celestial, tiene valor limitado. Sin embargo, el recibir la vida de Cristo, al depositar nuestra confianza y esperanza en Él, tiene valor infinito. El capítulo 8 de Romanos explica esta verdad: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu... Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz... y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:1, 5, 6, 8, 9).

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:29 pm

Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

Las siete veces que Jesús declara “Yo soy”

Además de las enseñanzas del Señor Jesucristo en el capítulo 6 de Juan, tenemos revelación adicional de su mensaje al leer el entero Evangelio de Juan, así comenzamos a comprender plenamente lo que quiso decirnos cuando declaró: “Yo soy el pan de vida” (Jn. 6:35). En el Evangelio de Juan, el Señor hace siete declaraciones en primera persona que están enumeradas a continuación:

1. Juan 6:35 “Yo soy el pan de vida”.

2. Juan 8:12 “Yo soy la luz del mundo”.

3. Juan 10:9 “Yo soy la puerta”.

4. Juan 10:11 “Yo soy el buen pastor”.

5. Juan 11:25 “Yo soy la resurrección y la vida”.

6. Juan 14:6 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.

7. Juan 15:5 “Yo soy la vid”.

Los creyentes deberían amar estas siete declaraciones de “Yo soy”. Jesús no sólo está afirmando que es Dios, sino que está definiendo quién es Dios. Retrospectivamente, en el libro de Éxodo, Moisés le pregunta a Dios, cuál es su nombre. “Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (Ex. 3:11-15).

En el Evangelio de Juan, Jesús expone y explica quién es Dios. Si su alma está hambrienta, Él le diría: “Yo soy el pan de vida”. Si está buscando iluminación y entendimiento, “Yo soy la luz del mundo”. ¿Anda en busca de una entrada hacia una vida abundante? Él nuevamente le diría: “Yo soy la puerta”. ¿Necesita guía y protección? Jesús le diría: “Yo soy el buen pastor”. ¿Está buscando vida eterna? El Señor Jesucristo diría “Yo soy la resurrección y la vida”. Jesús conoce sus necesidades mucho mejor que usted. Cualquier cosa que necesite, Jesús le dirá: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. “Yo soy la vid” - Si moras en Mí, supliré todas tus necesidades.

Lo que el Señor Jesucristo está afirmando en el capítulo 6 de Juan y a través de todo el Evangelio, es “Yo soy todo lo que necesitas. Te he creado y sé y entiendo que me necesitas a Mí para estar completamente satisfecho”. Jesús es nuestro todo, en todo. No importa lo que pensemos que necesitamos, sólo Jesús puede suplir nuestras necesidades verdaderas. Al estudiar el entero Evangelio de Juan, vemos claramente que Jesús no está proclamando que es literalmente un pan, de la misma forma como tampoco está declarando que es vino, o una puerta de madera. En lugar de eso, afirma que es nuestro Dios y Creador, y que lo único que necesitamos es a Él. Entender la Palabra de Dios es crucial.



El capítulo 6 de Juan no se relaciona con la Última Cena

Antes de dejar el capítulo 6 del Evangelio de Juan, debemos admitir que este capítulo no trata directamente con la última cena o con la doctrina de la Eucaristía. Vale la pena repetir, ¡qué el capítulo 6 de Juan no tiene nada que ver con la última cena! Recuerde, de acuerdo con esta narrativa, Jesús no tenía ni pan, ni vino y nunca siquiera mencionó el vino. Mientras los proponentes de la transubstanciación a menudo se refieren a estos versículos para apoyar sus doctrinas, en ninguna parte de este capítulo Jesús les dio a sus discípulos instrucciones acerca de cómo celebrar la comunión, mucho menos describió aquí la última cena. Por consiguiente, debemos reconocer que se trata de un evento separado.

Juan trata con la última cena comenzando en el capítulo 13, pero el 6, es un tema separado. En el capítulo 6, el Señor nunca alude siquiera a un procedimiento a seguir concerniente a la comunión, tampoco le dice a sus discípulos que instituyan un sacerdocio que consagre pan y lo convierta en su carne literal. Él no enseña aquí, ni en ninguna otra parte de la Biblia, a adorar su cuerpo y sangre bajo la figura de pan y vino.



Capítulo 13 de Juan

En el capítulo 13 del Evangelio de Juan, están registrados los eventos de la última cena. En los versículos 2 y 4 leemos: “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase... se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó” (Jn. 13:2, 4). Por lo tanto vemos que para ese tiempo en el relato de Juan, Jesús ya había bendecido el pan, “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19).

Lo que es interesante en el relato de Juan de la última cena, es que después que Jesús bendijo el pan y dijo: “Esto es mi cuerpo”. Siguió refiriéndose al pan bendecido y consagrado como simple pan. El versículo 26 dice: “Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón” (Jn. 13:26). ¿Será que Jesús perdió la pista de lo que estaba haciendo? ¿Habló incorrectamente? ¡No! De acuerdo con sus propias palabras, el pan permaneció siendo pan incluso después que lo bendijo.

De hecho, el capítulo 13 de Juan menciona el pan cinco veces. En cada caso, al pan bendecido se le sigue considerando como simple alimento. Por ejemplo, leemos en el versículo 27: “Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto” (Jn. 13:27). La Palabra de Dios nos dice que Satanás entró en Judas, inmediatamente después de recibir el pan. No hay indicación alguna de que Juan creyera o pensara en la transubstanciación.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:31 pm

Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

Mateo, Marcos y Lucas

En Mateo 26:17-29, Marcos 14:12-25 y Lucas 22:7-23 encontramos relatos paralelos de lo que tuvo lugar la noche antes que Jesús fuera crucificado. En Lucas 22:15-19 Jesús le dijo a sus discípulos: “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:15-19).

Previamente hemos presentado varios ejemplos mostrando que a menudo Dios usa el lenguaje figurado para describirse a sí mismo y para ilustrar una verdad espiritual. Hay muchas razones bíblicas de por qué las palabras de Jesús en la última cena deben ser tomadas figurativamente. A continuación seguiremos examinando por qué.



El Cordero Pascual

Los capítulos 12 y 13 de Éxodo describen los eventos del cordero pascual original. Cada año los judíos debían observar la Pascua como un memorial de su liberación de la esclavitud. En esa noche se sacrificó un cordero sin mancha y su sangre fue aplicada sobre los postes y dinteles de cada una de las casas de los creyentes. La sangre del cordero cubrió a esos que confiaron en el Señor. Todos los que rociaron la sangre del cordero fueron librados, mientras que esos que ignoraron la advertencia de Dios fueron destruidos.

La Escritura explica claramente que “...Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:7). Cuando Juan el Bautista vio a Jesús, proclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Jesús cumplió con cada uno y todos los tipos del Antiguo Testamento que señalaban a la venida del Mesías. Esto incluyó el Cordero Pascual. Durante la última cena, Jesús declaró que Él mismo se convertiría en nuestro cordero sustituto, de que moriría en nuestro lugar. Todos los que se arrepintieran de sus pecados y depositaran su confianza en Él serían librados de la esclavitud del pecado y la muerte.

Claro está, durante la última cena Jesús no se convirtió en un cordero literal, ni tampoco el pan se transformó en su cuerpo literal. Para los creyentes judíos, debería haber sido claro que el propio Jesús iba a ser sacrificado por sus pecados. Jesús iba a cumplir con la profecía judía de que el Mesías llevaría los pecados de ellos en su propio cuerpo.

• “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is. 53:5-12).

• “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

Era su cuerpo al que se le iba a dar muerte y su sangre la que sería derramada por nuestros pecados. Los sacrificios y ofrendas del Antiguo Testamento, las cuales eran semblanzas de Cristo - tendrían cumplimiento en el Hijo de Dios. Ya no habría ninguna necesidad de ofrecer sacrificios por nuestros pecados. El propio Dios de una vez y para siempre expiaría por todos los pecados. Eso fue lo que Jesús quiso decir cuando se refirió a los elementos de la Pascua como su cuerpo y sangre.

Al día siguiente su cuerpo verdaderamente fue quebrantado y su sangre derramada por los pecados del mundo. Su mandamiento a los creyentes fue: “Haced esto en memoria de mí”. Por consiguiente el recibir la comunión es un recordatorio, no es que Jesús está siendo sacrificado nuevamente. En la última cena Jesús no instituyó un sacerdocio. Tampoco en ninguna forma ordenó la transubstanciación. Y definitivamente no reconoció ningún sacrificio continuo. No, las buenas nuevas son “...Que con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados... Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (He. 10:14, 18).

Así como los judíos celebraban la Pascua como recordatorio de su liberación de la esclavitud, nosotros celebramos la cena del Señor en memoria de nuestra liberación de la esclavitud del pecado. Jesús es nuestro Cordero de Pascua, aunque no es un cordero literal.



El cuerpo de Jesús está en el cielo

Marcos 16:19 nos dice que “El Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios”. Jesús ascendió físicamente para estar a la mano derecha del Padre. Pedro lo dice en esta forma, que Jesús “...Habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 P. 3:22). El cuerpo único glorificado de Jesús está en el cielo. Esto tiene sentido cuando recordamos que dijo: “Haced esto en memoria de mí”. Si el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesús están con nosotros en la Eucaristía, las palabras “Haced esto en memoria de mí” no tendrían sentido. Un servicio recordatorio no se celebra por alguno que está con nosotros, sino por alguien que ya partió.

Ahora, claro está, Jesús es Dios, y “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24). Jesús está con nosotros espiritualmente y como es omnipresente, está presente en todas partes, por lo tanto ahora mismo se encuentra con nosotros - en dondequiera que estemos. Pero su cuerpo glorificado está en el cielo. “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (He. 10:12-14). Es claro que el cuerpo de Jesús está en el cielo y que nosotros debemos recordar lo que hizo por nosotros en la cruz al celebrar la Santa Cena.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:33 pm

Bendiciones y paz para todos.
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Los hechos de la iglesia primitiva

La iglesia primitiva celebró la comunión frecuentemente y lo que hizo se encuentra registrado en el libro de Hechos. Vamos a examinar cómo los apóstoles y discípulos celebraban la comunión después de la ascensión de Jesús. Leemos en el libro de Hechos:

• “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42).

• “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hch. 2:46).

• “Y habiendo dicho esto, (Pablo) tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también” (Hch. 27:35, 36).

Los apóstoles del Señor, esos mismos que estuvieron presentes en la última cena, partían el pan diariamente, celebraban la comunión y ni una sola vez se refirieron al pan como el cuerpo literal, sangre y divinidad de Jesús. Incluso, el domingo, el cual es el día en que el Señor resucitó, ellos se refirieron a la comunión como simple pan. En un versículo clave en el libro de Hechos leemos: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche” (Hch. 20:7).

Note que los discípulos partían el pan el domingo, en memoria de la muerte y resurrección de Jesús. Escudriñe como lo hicimos nosotros, y así se dará cuenta que no hay ni siquiera insinuación alguna en el entero libro de Hechos que los discípulos consideraban el servicio de comunión, como algo más aparte de un servicio recordatorio. ¡Esto no disminuye su importancia, más bien enfatiza que la razón para la celebración de la comunión es recordar la obra completa de la cruz y que Jesús ahora está en el cielo como nuestro Rey triunfante!



Dios no mora en templos hechos de mano

Lo que es interesante en el libro de Hechos, es la declaración enfática repetida por los discípulos, que Dios no mora en templos.

• “Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano...” (Hch. 7:48).

• “Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hch. 17:22-25).

• Esta verdad también está repetida en el libro de Hebreos: “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).

¡El sagrario Eucarístico es un “lugar santísimo” hecho con manos humanas! Aún más, la Biblia declara que Cristo no está allí sino en el cielo. Además, la palabra griega para templo es naos, la cual también puede ser traducida como un lugar santo o sitio de adoración. Dios dice que no mora allí, sin embargo la iglesia católica insiste que Jesús está presente en todos los sagrarios Eucarísticos del mundo. La hostia de la comunión la hacen las manos de los hombres, y la Biblia declara que “el Altísimo no habita en templos hechos de mano” (Hch. 17:25).



Abstenerse de sangre

Además, el apóstol también le ordenó a los creyentes a abstenerse de sangre. En el libro de Hechos, encontramos que los apóstoles y ancianos se reunieron para considerar ciertas costumbres judías que se habían introducido en la iglesia primitiva. Su decisión dada por Santiago, es como sigue: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (Hch. 15:19, 20).

Si los apóstoles y los discípulos originales en forma repetida le ordenaron a los nuevos creyentes que se abstuvieran de sangre, tal como vemos en Hechos 15:29; 21:25, ¿por qué la iglesia católica le impone a sus seguidores que coman el cuerpo y la sangre de Jesús? Si la comunión, la hostia consagrada, se convierte en el cuerpo, sangre, alma y divinidad literal de Jesús, entonces el participar de la comunión va en contra del mandamiento del Espíritu Santo que nos ordena abstenernos de sangre. Esto es una contradicción directa.

Desde el propio principio Dios le ordenó a la humanidad que se abstuviera de sangre: “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Gn. 9:4). Moisés reiteró este mandamiento, “Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre” (Lv. 17:12). “No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinos” (Lv. 19:26). Los profetas asimismo repitieron el mandamiento de Dios: “...Y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre...” (1 S. 14:34b).

En el libro de Hechos, los discípulos judíos estaban confirmando que Dios - quien no puede mentir y no cambia - lo ordenó en el Antiguo Testamento. Por consiguiente, sólo una interpretación figurativa de la última cena está en armonía con la entera Palabra de Dios.

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:35 pm

Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

1 Corintios 11

Algunos proponentes de la Eucaristía argumentan que el capítulo 11 de 1 Corintios apoya la transubstanciación. Ellos se refieren al versículo 29 que declara: “Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí”. Una lectura profunda del capítulo 11 de 1 Corintios, revela que los corintios no estaban haciendo una distinción apropiada entre la comunión y las comidas comunes y corrientes. No discernir el cuerpo del Señor significa no discernir en el pan y el vino, los símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo, sino participar de ellos irreverentemente, como si se tratara de un banquete común y corriente.

Es evidente que esta fue la primera ofensa de los corintios. Esos que comían y bebían de una manera indigna, estaban emborrachándose y comiendo egoístamente ante otros miembros del cuerpo de Cristo. En los versículos 20 y 21 Pablo declara que esto era el problema. No hay indicación que el apóstol Pablo creyera o enseñara la transubstanciación.

De hecho, Pablo repetidamente se refirió al pan bendito como pan, después de haberlo bendecido. “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Co. 11:27, 28). Note que Pablo declara en el versículo 26: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.

Note también que Pablo explica que debemos celebrar la cena del Señor “hasta que él venga”. La frase “hasta que él venga” presupone que el Señor ha ascendido a las alturas. Son muchos los versículos de la Escritura que declaran que el cuerpo único de Jesús está en el cielo:

• “...Por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 P. 3:21, 22).

• “Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mt. 26:64).

• “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).

• “La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:20).

• “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1).

• “El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas... Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena... Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (He. 1:3; 9:24, 25; 12:2).

Por consiguiente, la cena del Señor es un recordatorio de su muerte y resurrección “hasta que él venga”. Esto concuerda con lo que Jesús ordenó cuando dijo: “Haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19).

Finalmente, es aparente que el capítulo 11 de 1 Corintios usa lenguaje figurado para describir la comunión. La copa es una figura: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre...” (1 Co. 11:25). La copa, claro está, no es el pacto real, sino símbolo de él. “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Co. 11:26). Es obvio que no vamos a beber la copa, sino que es una referencia figurada al vino que se encuentra dentro de ella.



La obra consumada

Tal vez el aspecto más perturbador de esta doctrina católica es que Cristo es sacrificado una y otra vez diariamente por los miles de sacerdotes católicos, y de que al recibir la Eucaristía los católicos obtienen el perdón de los pecados. En otras palabras, la iglesia católica enseña que la Eucaristía es una ofrenda de sacrificio capaz de expiar por nuestros pecados. Por consiguiente, Cristo siempre está sufriendo y muriendo cada vez que un sacerdote consagra la hostia. Así es como lo explica el Catecismo, en los siguientes parágrafos:

“1414 En cuanto a sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales.*

1405 ...En efecto, cada vez que se celebra este misterio, ‘se realiza la obra de nuestra redención’.*

1366 La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque representa - hace presente, el sacrificio de la cruz...”*

Esta enseñanza contradice directamente la Palabra Dios. Cuando Jesús murió sobre la cruz, proclamó: “Consumado es” (Jn. 19:30). La palabra griega que usó fue tetelestai. Es un término contable que significa: “Pagado por completo”. ¡La obra de nuestra salvación está completa! Cristo compró nuestra redención de una vez y para siempre en la cruz. Jesús no es sacrificado perpetuamente en la Eucaristía, tal como enseña la iglesia católica. El participar de la Eucaristía no apacigua a Dios, tampoco expía por el pecado. Si usted es católico, entonces los siguientes versículos pueden ser transformadores y revolucionarios si simplemente acepta la Palabra de Dios.

• “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:24-28).

• “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados... Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (He. 10:11-14, 18).

• “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive” (Ro. 6:9,10).

• “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/20/2013, 8:38 pm

Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

Encarnación, Ascensión, Segunda Venida

Hay muchas otras Escrituras que refutan la transubstanciación. Por ejemplo, la transubstanciación contradice la doctrina bíblica de la encarnación y ascensión. La Biblia nos dice que Jesús tenía un sólo cuerpo preparado para Él por el Padre. “...Mas me preparaste cuerpo” (He. 10:5). “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2:14).

Además, la Escritura nos dice claramente que el cuerpo único glorificado del Señor Jesucristo está en el cielo:

• “...Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 P. 3:21c, 22).

• “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1).

• “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo” (Ef. 4:10).

Son muchas, pero muchas las Escrituras que repiten una y otra vez que el cuerpo de Jesús está en el cielo:

• “Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mt. 26:64).

• “Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mr. 14:62).

• “Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Mr. 16:19).

• “Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios” (Lc. 22:69).

• “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hch. 7:55).

Luego entonces, si el cuerpo de Jesús está en el cielo, no puede encontrarse en los miles de sagrarios alrededor del mundo.

La transubstanciación también contradice las enseñanzas de la Biblia concerniente a la segunda venida de Cristo. Muchos católicos que creen que el Señor retornará a la tierra física y visiblemente, también creen que Cristo vendrá primero en su “forma Eucarística”. Sin embargo, la Biblia una vez más refuta esta noción:

• “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hch. 1:9-11).

• “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria” (Mr. 13:26).

• “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén” (Ap. 1:7).

• “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos...” (Jud. 14, 15a).

Jesús ascendió al cielo físicamente y retornará en su cuerpo glorificado - no en forma de una hostia. Además, si la Biblia nunca le adscribe más de un lugar a su cuerpo físico en un momento dado - tampoco debemos hacerlo nosotros. Cuando Jesús retorne en su cuerpo glorificado todo ojo le verá, por consiguiente la transubstanciación es anti-bíblica.

En el libro final de la Biblia, se describe la segunda venida de Cristo y se confirma como sigue: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos” (Ap. 19:11-14).



Misterio y milagros

La iglesia católica se refiere a la misa como un misterio. Sin embargo, la Biblia nunca alude a la comunión como un misterio, por lo tanto nosotros tampoco podemos hacerlo. Recuerde la advertencia en la Escritura de que no debemos corromper la verdad simple y pura del Evangelio: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (2 Co. 11:3).

Cuando el sacerdote consagra la hostia no ocurre nada. El pan sigue luciendo como pan, se siente, huele y sabe como pan. No hay ni un sólo milagro en la Biblia, en donde todas las evidencias externas revelen que no ha ocurrido nada. Los milagros en la Biblia siempre son tangibles y prácticos. Moisés en realidad separó las aguas del mar Rojo - no simplemente le pidió a las personas que lo cruzaran antes de dividirlo. Elías de hecho hizo descender fuego literal del cielo ante el horror de los profetas falsos. Jesús sanó literalmente a los enfermos, limpió a los leprosos y resucitó a los muertos. Dios nunca trató con la humanidad usando “milagros virtuales”.

Algunos pueden señalar a supuestos milagros Eucarísticos como evidencia de que la hostia consagrada es el cuerpo y la sangre literal de Cristo. Sin embargo, la Biblia nos advierte de que tales engaños ocurrirán en los últimos días. “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis” (Mt. 24:24-26).

El supuesto Jesús de la Eucaristía es un falso cristo, el cual según muchos profetas mentirosos se encuentra en los aposentos de miles de iglesias católicas. Además, como vamos a documentar son muchas las señales y prodigios mentirosos que acompañan la exposición y adoración de la Eucaristía. No sorprende que la Biblia revele que estos milagros Eucarísticos tangibles tienen un origen demoníaco.



El sacrificio “incruento”

La iglesia católica enseña que la Eucaristía es un sacrificio “incruento” - es decir sin sangre, en el cual Cristo es verdaderamente “inmolado” u ofrecido como víctima. De hecho, el término “hostia” se deriva de una palabra en latín que significa víctima. Por consiguiente, la ofrenda de la hostia es la perpetuación del sacrificio de Cristo de una manera incruenta para hacer expiación por nuestros pecados. Sin embargo, la Biblia declara de forma concisa que sin sangre no hay remisión de pecados:

• “...Y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).

• “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona” (Lv. 17:11).

Adicionalmente, en la Escritura nunca encontramos mención al pan o al vino como sacrificio. En la última cena el Señor tomó el pan y el vino de una mesa, no de un altar. Todos los sacrificios en la Biblia se hicieron sobre el altar. De hecho, Dios ordenó a los judíos en estas Escrituras que sólo tuvieran un altar:

• “Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová... Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando” (Dt. 12:11, 13, 14).

• “Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré” (Ex. 20:24).

• “Toda la congregación de Jehová dice así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de Israel para apartaros hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser rebeldes contra Jehová?” (Jos. 22:16).

Ciertamente, los discípulos judíos de Jesús sabían esto. Al igual que Dios, Jesús nunca se contradeciría a sí mismo. Las mesas son para comer y los altares para sacrificios.



Consecuencias eternas

Claramente, la doctrina católica de la Eucaristía es contraria a la Palabra de Dios. Pero... ¿Cuán serio es este error doctrinal? ¿Es lo suficientemente serio para determinar el destino eterno de una persona? Irónicamente, la siguiente cita de Peter Kreeft, quien fuera protestante y ahora es un fuerte proponente de la Eucaristía católica, expresa con exactitud el significado y consecuencias de someterse a esta creencia. Esto es lo que dice en las páginas 159 y 160 de su libro Jihad Ecuménico: “¡Qué punto de división es la Eucaristía! Uno de los dos lados, está bien, pero bien equivocado. Yo decía antes de esto: si los protestantes están en lo correcto, los católicos están cometiendo el terrible error de adorar idólatramente el pan y el vino como Dios. Pero si los católicos están correctos, los protestantes están en el error, igualmente terrible, de rehusarse a adorar a Cristo en donde está y están perdiéndose de la unión ontológica más real con Cristo que es posible en esta vida, en la santa comunión”.

Considere las repercusiones de lo que ha escrito Kreeft. Si los católicos están equivocados en su creencia y adoración de la Eucaristía, entonces son culpables de idolatría. Por consiguiente, están violando directamente el primero y segundo mandamientos, que dicen: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (Ex. 20:3-5).

Es imperativo que creamos y dirijamos toda adoración hacia el Jesús verdadero de la Biblia. El Señor advirtió que habría muchos cristos falsos. Siendo este el caso, ¿no deberían todos los que profesan ser cristianos escudriñar las Escrituras diligentemente para determinar la verdad? Este es el deseo de Dios:

• “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

• “Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lc. 4:4).

• “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/21/2013, 11:19 am

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

¿Qué enseña la Biblia?

Ya hemos documentado lo que enseña la iglesia católico romana concerniente a la Eucaristía. Pero... ¿Qué dice la Biblia? La Biblia anima a los creyentes a estudiar “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27), y como dice 1 Tesalonicenses 5:21, a “Examinarlo todo y retener lo bueno”. Cada cristiano debe “Procurar con diligencia presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15). Obedecer el mandamiento de Dios es probar todas las cosas, por eso escudriñaremos las Escrituras para determinar qué enseña la Biblia concerniente a la Cena del Señor.

La última cena fue celebrada por los cristianos del primer siglo en obediencia a las palabras de Jesús: “Haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19). Esta celebración fue establecida por el Señor en la cena de Pascua cuando simbólicamente se ofreció a sí mismo como el Cordero Pascual de expiación. Su muerte real al día siguiente fue el cumplimiento de la profecía. Sólo Pablo usa la frase “la cena del Señor” en 1 Corintios 11:20, aunque se alude a ella en Apocalipsis 19:9, en donde se dice que los creyentes celebrarán “la cena de las bodas del Cordero”. Alrededor del año 100 de la era cristiana, los padres de la iglesia comenzaron a llamar a esta ocasión la Eucaristía, queriendo decir con esto acción de gracias por la bendición pronunciada sobre el pan y el vino. Dice el Diccionario Holman Bible, que los cristianos han celebrado la cena del Señor regularmente como una señal del nuevo pacto sellado por la muerte y resurrección de Cristo. Hoy la Eucaristía significa mucho más, que simplemente acción de gracias.



Éste es mi cuerpo

¿Por lo tanto qué fue exactamente lo que Jesús ordenó durante la última cena? Aquí está la descripción bíblica de los eventos que rodearon la última cena, cuando el Señor “...tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lc. 22:19, 20).

Además, los proponentes de la Eucaristía católica señalan a las palabras de Jesús registradas en el capítulo 6 del Evangelio de Juan. Aunque este capítulo no trata de ninguna manera con lo que dijo el Señor en la última cena, ciertamente sus palabras tal parece que estuvieran relacionadas con la comunión: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Jn. 6:51-55).

Vamos ahora a examinar la Palabra de Dios para entender el contexto y significado de la Escritura que atañe a la comunión (Las instrucciones de la Escritura concerniente a la comunión pueden encontrarse en los siguientes pasajes: Mateo 26:17-35; Marcos 14:12-31; Lucas 22:7-23; Juan 13:1-17, 26 y 1 Corintios 11:17-34).



Metáforas y Símiles

En toda la Biblia el contexto determina el significado. Los cristianos toman la Biblia literalmente a menos que el contexto exija una interpretación figurativa o simbólica. Antes de explorar las palabras de Jesús en el capítulo 6 de Juan y en otros lugares, revisemos unos pocos ejemplos de simbolismo en la Escritura. Estoy seguro que los eruditos están de acuerdo conmigo cuando digo que estos versículos son metafóricos. Una explicación sigue a cada pasaje:

• “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (Sal. 34:8).

Trate y experimente las promesas de Dios para que descubra que son verdaderas.

• “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:14).

Para esos que reciben el don de la salvación, el Espíritu de Cristo morará en sus almas, dándoles la seguridad que tienen vida eterna.

• “Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo” (Ez. 3:1, 2).

Recíbala en su corazón, incorpórela en su ser, y obedezca la Palabra de Dios.

• En un punto Jesús dijo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn. 2:19). Los judíos pensaban que el Señor hablaba del templo literal en Jerusalén, pero si seguimos leyendo en Juan 2:20 y 21, encontramos que se estaba refiriendo a su cuerpo.

• En otra ocasión, dijo: “Yo soy la vid verdadera...” (Jn. 15:1). Claro está, sabemos que Jesús no quiso decir que era una planta literal de vid, enrollada alrededor de una estaca.

• Cuando la Biblia dice de Dios en Salmos 91:4 que “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro...”, entendemos que el Creador no es un pájaro con plumas. Dios es el origen de toda la vida y nuestro proveedor y protector y estas figuras ilustran vívidamente esto.

En toda la Biblia se usa el lenguaje figurativo para comparar una cosa con otra, a fin de que quienes escuchan puedan visualizarlo y entenderlo fácilmente. Es aparente al escudriñar la entera Palabra de Dios, que el Señor a menudo emplea metáforas para pintarle imágenes al lector. De hecho, la Biblia nos dice que el Señor Jesucristo lo usó regularmente, para describir figurativamente una cosa como algo más. “Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba” (Mt. 13:34). Él mismo declaró: “Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre” (Jn. 16:25). Sin embargo, la Biblia siempre debe ser interpretada literalmente a menos que el contexto exija una explicación simbólica. Por lo tanto, ¿qué es lo que demanda el contexto del Evangelio de Juan y de otros evangelios?

Continua........
Ninguno de los textos citados es similar a lo que Jesús dijo en la Última Cena ni están dichos en el mismo contexto Pascual de la Última Cena. Es un error comparar textos que no hablan de lo mismo, ni en el mismo sentido y contexto porque eso es hacer un sofisma.
Jesús dijo: "Yo soy la vid verdadera". En la Última Cena dijo: "Esto es mi Cuerpo", refiriéndose al pan bendecido. Parecería a simple vista, para aquel que no presta atención a la construcción de ambas frases, que están construidas de la misma manera. Sin embargo, el sujeto en la primera es "Yo" y el predicado es "la vid verdadera". En la segunda, el sujeto es "Esto", refiriéndose al pan, y el predicado es "mi Cuerpo". Vemos que el sujeto y el predicado en ambas frases están cambiados, porque para que fuesen iguales tendría que haber tomado o señalado una parra y decir, "Esto soy yo", haciendo en una "Yo" función de sujeto y en la otra función de predicado.  Pero esto no lo hizo, por lo que se llega muy fácilmente a ver el simbolismo. Pero con el Cuerpo de Cristo no pasa lo mismo, Él dice la misma frase intercalando sujeto y predicado, cosa que no hizo ni con la Vid verdadera ni con la Puerta de las ovejas, ni con la Luz de mundo.
Con relación a Él y el Pan sí lo hace. Dice: "Yo soy el Pan vivo bajado del Cielo". Aquí "Yo" (Cristo) es sujeto y "el Pan vivo" es el predicado. Veamos ahora cómo lo que era sujeto en esta oración pasa a ser predicado y el predicado pasa a ser sujeto: "Esto es mi Cuerpo... esto es mi Sangre". Entiéndase Cuerpo y Sangre al modo judío, o sea, la totalidad de la persona, en este caso, Jesús. Aquí el Pan es el sujeto y Jesús es el predicado de la oración. Lo que en una oración era el sujeto en la otra es el predicado, y viceversa. De esta manera no hay simbolismo, no deja lugar a esa interpretación.
Otra cosa, en el primer post no está ni el 10% de la doctrina eucarística católica. ¿Por qué entonces dice "ya hemos documentado lo que enseña la Iglesia católica en lo concerniente a la Eucaristía"? Así se parte de una mentira, haciendo creer que ésa es toda la doctrina eucarística, cuando no es más que un retoque por encima de lo que hay mucho más en el interior y fondo de dicha doctrina. Así no podemos llegar a nada porque no se expone de verdad la doctrina católica completa. Y se necesita conocer la doctrina completa y entenderla para poder opinar correctamente sobre ella.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/21/2013, 12:56 pm

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Continuación:

Los hechos de la iglesia primitiva

La iglesia primitiva celebró la comunión frecuentemente y lo que hizo se encuentra registrado en el libro de Hechos. Vamos a examinar cómo los apóstoles y discípulos celebraban la comunión después de la ascensión de Jesús. Leemos en el libro de Hechos:

• “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42).

• “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hch. 2:46).

• “Y habiendo dicho esto, (Pablo) tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también” (Hch. 27:35, 36).

Los apóstoles del Señor, esos mismos que estuvieron presentes en la última cena, partían el pan diariamente, celebraban la comunión y ni una sola vez se refirieron al pan como el cuerpo literal, sangre y divinidad de Jesús. Incluso, el domingo, el cual es el día en que el Señor resucitó, ellos se refirieron a la comunión como simple pan. En un versículo clave en el libro de Hechos leemos: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche” (Hch. 20:7).

Note que los discípulos partían el pan el domingo, en memoria de la muerte y resurrección de Jesús. Escudriñe como lo hicimos nosotros, y así se dará cuenta que no hay ni siquiera insinuación alguna en el entero libro de Hechos que los discípulos consideraban el servicio de comunión, como algo más aparte de un servicio recordatorio. ¡Esto no disminuye su importancia, más bien enfatiza que la razón para la celebración de la comunión es recordar la obra completa de la cruz y que Jesús ahora está en el cielo como nuestro Rey triunfante!
La paz sea con todos.
Quien escribió esto parte de un desconocimiento muy profundo de los distintos nombres que tiene y ha tenido la Eucaristía. Uno de los más antiguos es "la fracción del Pan" el cual se mantiene aún en la Misa, pues el momento en que el presbítero parte la hostia consagrada y echa un trozo dentro del cáliz se llama "fracción del pan". Sin embargo, este pan ya ha sido consagrado y según nuestra fe no es pan sino el Cuerpo de Cristo. Pero se le llama fracción del pan, porque Cristo es el pan vivo bajado del Cielo. Por esta razón no es impropio llamarle fracción del pan, porque lo que se parte es el pan eucarístico.
Otro nombre es el de Eucaristía, que significa acción de gracias. También se le llamaba pan eucaristizado. ¿Por qué se le da este nombre? En el mismo texto citado de Hch 27,35 aparece claramente:
επας δ τατα κα λαβν ρτον εχαρίστησεν τ θε νώπιον πάντων κα κλάσας ρξατο σθίειν.
ρτον εχαρίστησεν (arton [pan] eucharistisen [acción de dar gracias]): Estas dos palabras aparecen juntas: pan y la acción de dar gracias. Por eso se le llamaba pan eucaristizado, o sea, el pan sobre el que se habían pronunciado las oraciones de acción de gracias a Dios.
San Pablo tomó el pan y dio gracias a Dios. Esta acción aparece en la liturgia eucarística desde los mismos tiempos apostólicos. Los Santos Padres la explican muy bien desde los dos primeros siglos, y aún la podemos disfrutar en la liturgia eucarística de las iglesias católica y ortodoxas. Eucaristía es, en la lengua griega, "acción de gracias", por eso en los dos primeros siglos le llamaban "pan eucaristizado" porque sobre él habían sido pronunciadas las bendiciones a Dios.
Los padres apostólicos, o sea, los que tuvieron relación directa con los apóstoles, hablan de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Citaré a algunos, por ejemplo:
San Ignacio de Antioquía, obispo de Antioquía desde el año 68 hasta el 107 d.C., y que había recibido su fe por la predicación de Pablo y Bernabé, dice en una de sus cartas:
«De la Eucaristía y de la oración se apartan (los docetas), porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por su benignidad resucitó el Padre. Por lo tanto, los que contradicen al don de Dios litigando, se van muriendo. Mejor les fuera amar para que también resucitasen». (Carta a la Iglesia de Esmirna 7,1).
Ireneo de Lyón, que fue discípulo de Policarpo de Esmirna, a su vez discípulo del apóstol San Juan, dice en su Adversus haereses:
«Cristo, dice Ireneo, toma en sus manos las criaturas, que son el pan y el vino, para convertirlas en su cuerpo y sangre».
Y hablando contra el argumento de los gnósticos que no creían en la encarnación y en la resurrección dice:
«¿Cómo dicen que no hay resurrección de la carne, si en la Eucaristía nos alimentamos con la carne resucitada de Cristo?»
San Justino mártir, en su carta al Emperador Antonino Pío, en el año 155, relata así la celebración eucarística cristiana y la fe que se profesaba, recibida de los apóstoles:
«El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas. Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas. Luego nos levantamos y oramos por nosotros… y por todos los demás dondequiera que estén, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna.
Luego se lleva al que preside el pan y una copa con vino y agua mezclados. El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones.
Al terminar el presidente las oraciones y la acción de gracias, exclama todo el pueblo a una voz: ‘Amén, Amén’, palabra hebrea que significa ‘Así sea’. Después de que el que preside ha dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los que entre nosotros se llaman diáconos dan a cada uno de los presentes a participar del pan y del vino y del agua eucaristi­zados que también llevan a los ausentes.
Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía, del cual a ningún otro es lícito participar sino al que cree que nuestra doctrina es verdadera, y que ha sido purificado por el bautismo para perdón de los pecados y para regeneración, y que vive como Cristo enseñó. Porque estas cosas no las tomamos como pan ordinario ni bebida ordinaria, sino que así como por el Verbo de Dios, habiéndose encarnado nuestro Salvador  tomó carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado mediante la palabra de oración procedente de él (alimento con el que nuestra carne y nuestra sangre se nutren con arreglo a nuestra transformación) es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó».
Son suficientes estos tres testimonios antiguos para darnos cuenta la fe de la Iglesia en sus primeros 100 años de existencia. Esto no niega ni que la fe en Jesucristo es la que nos trae la vida eterna, ni que la Vida eterna sea el mismo Jesús, porque la Eucaristía es el mismo Jesucristo y comporta la fe en Él y en sus palabras, incluidas: “Esto es mi Cuerpo… éste es el Cáliz de la Nueva Alianza pactada en mi Sangre”.
Todo el que crea lo contrario, ¿creerá verdaderamente en todo lo que enseñaron Jesús y sus apóstoles? ¿No será más bien que han tomado las Escrituras y las han interpretado según su razón humana y no en el espíritu de comunión con la Iglesia primitiva fundada por el mismo Cristo? Porque si la Iglesia primitiva creía que Jesús muerto y resucitado se hacía real y verdaderamente presente bajo las apariencias del pan y el vino (presencia sacramenta, no literal, ni simbólica, ni física), entonces, ¿por qué los que ahora no creen en esta fe apostólica se autodenominan seguidores de la sana doctrina? Más bien, quizás estén siguiendo doctrinas humanas modernas, porque la Iglesia, en sus 2000 años nunca tuvo otra doctrina eucarística que la fe en la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía. Todo lo que esté fuera de esto debe ser rechazado como anatema y contrario a Jesucristo.
 
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/21/2013, 9:03 pm

Bendiciones y paz para todos.
Respondiendo a sus objeciones:
"Ninguno de los textos citados es similar a lo que Jesús dijo en la Última Cena ni están dichos en el mismo contexto Pascual de la Última Cena. Es un error comparar textos que no hablan de lo mismo, ni en el mismo sentido y contexto porque eso es hacer un sofisma."
El autor no esta comparando los texto sino colocando ejemplos de similes y metaforas:
"Los cristianos toman la Biblia literalmente a menos que el contexto exija una interpretación figurativa o simbólica. Antes de explorar las palabras de Jesús en el capítulo 6 de Juan y en otros lugares, revisemos unos pocos ejemplos de simbolismo en la Escritura"
El sofisma lo realiza la Icar al tomar el texto de Juán 6 para respaldar ese dogma.
En cuanto a la gramática Española, creo que la Icar debe publicar un libro para poder interpretar lo que creen pues mi diccionario no sirve para entenderles.
Recuerde que los idiomas originales son el hebreo y el griego koine, y las traducciones al español son deficientes por eso hay que apoyarce en algunas herramientas hermeneuticas para poder entender el contexto.
Ustedes son muy buenos en literalizar solo cuando les conviene (como muchas sectas han hecho).

"Otra cosa, en el primer post no está ni el 10% de la doctrina eucarística católica. ¿Por qué entonces dice "ya hemos documentado lo que enseña la Iglesia católica en lo concerniente a la Eucaristía"? Así se parte de una mentira"
Cuando escribi el primer posteo hice la aclaración de que era un estracto, de hecho es solo la página 7 de las 15 que se refieren al tema, Como eran muchas no me parecio pertinente pegarlas todas; pero como siempre solo extraemos los que nos conviene de los textos.
Si desea (y como no se puede colocar enlaces externos) le invito a que busque la información en la internet.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Turokam el 9/21/2013, 9:28 pm

Bendiciones y paz para todos.
Esta escrito:

Jer 23:28 El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano?--declara el SEÑOR.

2Ti 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.

Lo que usted o yo o Ignacio o Ireneo escriba tiene importancia en nuestras épocas y contextos, pero es en la Palabra de Dios donde esta el verdadero poder "pues Él hablo y fué hecho".
El significado de las escrituras son las Escrituras, es la revelación; y para poder entender su significado hay que esforzarce y escudriñar esas escrituras bajo la guia del Espiritu Santo, pues satanas siempre esta intentando oscurecer su verdadero significado.

Aunque la historia de la iglesia y sus representantes mas prominentes es importante no están sobre las Escrituras.
Sin embargo coloco este estracto de la carta de Ignacio a los Esmirneanos:
 
V. Pero ciertas personas, por ignorancia, le niegan, o más bien han sido negadas por Él, siendo abogados de muerte en vez de serlo de la verdad; y ellos no han sido persuadidos por las profecías ni por la ley de Moisés, ni aun en esta misma hora por el Evangelio, ni por los sufrimientos de cada uno de nosotros; porque ellos piensan también lo mismo con respecto a nosotros. Porque, ¿qué beneficio me produce [a mí] si un hombre me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que Él estaba en la carne? Pero el que no lo afirma, con ello le niega por completo y él mismo es portador de un cadáver. Pero sus nombres, siendo incrédulos, no considero apropiado registrarlos por escrito; es más, lejos esté de mí el recordarlos, hasta que se arrepientan y regresen a la pasión, que es nuestra resurreción.

VI. Que ninguno os engañe. Incluso a los seres celestiales y a los ángeles gloriosos y a los gobernantes visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo [que es Dios], les aguarda también el juicio. El que recibe, que reciba. Que los cargos no envanezcan a ninguno, porque la fe y el amor lo son todo en todos, y nada tiene preferencia antes que ellos. Pero observad bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a vosotros, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el Padre resucitó por su bondad.

VII. Así pues, los que contradicen el buen don de Dios perecen por ponerlo en duda. Pero sería conveniente que tuvieran amor, para que también pudieran resucitar. Es, pues, apropiado, que os abstengáis de los tales, y no les habléis en privado o en público; sino que prestéis atención a los profetas, y especialmente al Evangelio, en el cual se nos muestra la pasión y es realizada la resurrección.

Si usted juzga este texto desde la perspectiva catolica dira:
¡Miren! aqui Ignacio defiende la transubstanciación.
Pero no es asi pues cuando invetigamos e interpretamos su carta, pues como usted coloco entre parentesis (docetas) el amado Ignacio esta haciendo apologia contra la herejía docética que toma este nombre de la raíz griega dokéo (δοκέω), que significa parecer o parecerle a uno.
Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo de la era cristiana, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Es esta idea la que el apóstol Juan quiere desestimar cuando escribe su primera carta universal 1 Jn 1:1. Incluso el filósofo gnóstico Basílides afirmó, para explicar el traslado de la cruz, que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó.
La herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, que el cuerpo es la cárcel del espíritu, como decían los griegos. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.
Ignacio de Antioquía escribe a los fieles de Esmirna que Jesucristo es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilatos y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios.
Asi que amado hay que "escudriñarlo todo y retener lo bueno"
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/23/2013, 9:04 am

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Respondiendo a sus objeciones:
"Ninguno de los textos citados es similar a lo que Jesús dijo en la Última Cena ni están dichos en el mismo contexto Pascual de la Última Cena. Es un error comparar textos que no hablan de lo mismo, ni en el mismo sentido y contexto porque eso es hacer un sofisma."
El autor no esta comparando los texto sino colocando ejemplos de similes y metaforas:
"Los cristianos toman la Biblia literalmente a menos que el contexto exija una interpretación figurativa o simbólica. Antes de explorar las palabras de Jesús en el capítulo 6 de Juan y en otros lugares, revisemos unos pocos ejemplos de simbolismo en la Escritura"
El sofisma lo realiza la Icar al tomar el texto de Juán 6 para respaldar ese dogma.
En cuanto a la gramática Española, creo que la Icar debe publicar un libro para poder interpretar lo que creen pues mi diccionario no sirve para entenderles.
Recuerde que los idiomas originales son el hebreo y el griego koine, y las traducciones al español son deficientes por eso hay que apoyarce en algunas herramientas hermeneuticas para poder entender el contexto.
Ustedes son muy buenos en literalizar solo cuando les conviene (como muchas sectas han hecho).

"Otra cosa, en el primer post no está ni el 10% de la doctrina eucarística católica. ¿Por qué entonces dice "ya hemos documentado lo que enseña la Iglesia católica en lo concerniente a la Eucaristía"? Así se parte de una mentira"
Cuando escribi el primer posteo hice la aclaración de que era un estracto, de hecho es solo la página 7 de las 15 que se refieren al tema, Como eran muchas no me parecio pertinente pegarlas todas; pero como siempre solo extraemos los que nos conviene de los textos.
Si desea (y como no se puede colocar enlaces externos) le invito a que busque la información en la internet.
Pax vobis
Ya una vez y a otro forista le recordé que el DRAE no es exhaustivo. Además, los textos de la IC están en griego (los más antiguos), y en latín (antiguos y actuales). Hay muchas palabras de estas lenguas que no tienen un equivalente exacto, por eso hay que estudiar los textos originales en sus lenguas originales, y traducciones oficiales con sus aclaraciones pertinentes. A veces internet no lo tiene todo, por eso yo recurro a Bibliotecas o a librerías (en este caso porque me voy a quedar con los libros pues son de mi misma fe). Pero en bibliotecas católicas se pueden encontrar buenos libros que explican la doctrina católica para todos aquellos que quieran conocerla de verdad y no sólo de oídas, que os aseguro que de oídas no se aprende nada bien, sino muy tergiversado. Creo que eso es lo que aquí pasa. Y en cuestiones dogmáticas, teológicas y doctrinales católicas hay que cuidar mucho los términos porque cambiar uno solo ya puede cambiar muchas cosas y no decir lo mismo.
Sobre respaldar la IC su doctrina eucarística con Jn 6 no es tan así porque ése es más bien un método surgido en el protestantismo, el de la Sola Scriptura. Y no es Jn 6 el texto en el que se sustenta fundamentalmente la doctrina católica sobre la Eucaristía sino en los de la Institución Eucarística. San Pablo también es bastante elocuente sobre esta fe. Además, la doctrina eucarística no consiste únicamente en la trasubstanciación. Ése es un punto fundamental de nuestra fe, pero la Eucaristía no es sólo la trasubstanciación, es mucho más; y eso también hay que tenerlo muy en cuenta.
Pax vobis.
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Re: El que come de mi carne y bebe de mi sangre.

Mensaje por Janek el 9/23/2013, 9:47 am

@Turokam escribió:Bendiciones y paz para todos.
Esta escrito:

Jer 23:28 El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano?--declara el SEÑOR.

2Ti 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.

Lo que usted o yo o Ignacio o Ireneo escriba tiene importancia en nuestras épocas y contextos, pero es en la Palabra de Dios donde esta el verdadero poder "pues Él hablo y fué hecho".
El significado de las escrituras son las Escrituras, es la revelación; y para poder entender su significado hay que esforzarce y escudriñar esas escrituras bajo la guia del Espiritu Santo, pues satanas siempre esta intentando oscurecer su verdadero significado.

Aunque la historia de la iglesia y sus representantes mas prominentes es importante no están sobre las Escrituras.
Sin embargo coloco este estracto de la carta de Ignacio a los Esmirneanos:
 
V. Pero ciertas personas, por ignorancia, le niegan, o más bien han sido negadas por Él, siendo abogados de muerte en vez de serlo de la verdad; y ellos no han sido persuadidos por las profecías ni por la ley de Moisés, ni aun en esta misma hora por el Evangelio, ni por los sufrimientos de cada uno de nosotros; porque ellos piensan también lo mismo con respecto a nosotros. Porque, ¿qué beneficio me produce [a mí] si un hombre me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que Él estaba en la carne? Pero el que no lo afirma, con ello le niega por completo y él mismo es portador de un cadáver. Pero sus nombres, siendo incrédulos, no considero apropiado registrarlos por escrito; es más, lejos esté de mí el recordarlos, hasta que se arrepientan y regresen a la pasión, que es nuestra resurreción.

VI. Que ninguno os engañe. Incluso a los seres celestiales y a los ángeles gloriosos y a los gobernantes visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo [que es Dios], les aguarda también el juicio. El que recibe, que reciba. Que los cargos no envanezcan a ninguno, porque la fe y el amor lo son todo en todos, y nada tiene preferencia antes que ellos. Pero observad bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a vosotros, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el Padre resucitó por su bondad.

VII. Así pues, los que contradicen el buen don de Dios perecen por ponerlo en duda. Pero sería conveniente que tuvieran amor, para que también pudieran resucitar. Es, pues, apropiado, que os abstengáis de los tales, y no les habléis en privado o en público; sino que prestéis atención a los profetas, y especialmente al Evangelio, en el cual se nos muestra la pasión y es realizada la resurrección.

Si usted juzga este texto desde la perspectiva catolica dira:
¡Miren! aqui Ignacio defiende la transubstanciación.
Pero no es asi pues cuando invetigamos e interpretamos su carta, pues como usted coloco entre parentesis (docetas) el amado Ignacio esta haciendo apologia contra la herejía docética que toma este nombre de la raíz griega dokéo (δοκέω), que significa parecer o parecerle a uno.
Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo de la era cristiana, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Es esta idea la que el apóstol Juan quiere desestimar cuando escribe su primera carta universal 1 Jn 1:1. Incluso el filósofo gnóstico Basílides afirmó, para explicar el traslado de la cruz, que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó.
La herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, que el cuerpo es la cárcel del espíritu, como decían los griegos. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.
Ignacio de Antioquía escribe a los fieles de Esmirna que Jesucristo es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilatos y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios.
Asi que amado hay que "escudriñarlo todo y retener lo bueno"
Pax vobis.
Pues leí lo que citaste de Ignacio de Antioquía y no me pasó por la cabeza en ningún momento la trasusbtanciación. Te diré lo que me pasó por la cabeza mientras iba leyendo.
En el número V. entendí que estaba hablando de la encarnación del Verbo, encarnación real y no aparecente. Y esto, cuando dice Ignacio:
"si un hombre me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que Él estaba en la carne".

Claramente aquí Ignacio se está refiriendo a la verdad de la Encarnación de Dios.
En el número VI. entendí que estaba hablando del poder de la Sangre de Cristo, poder real de una sangre real, no aparente, en consonancia con lo dicho de la carne en el punto anterior.
En el número VII. entendí que hablaba de la verdad de la pasión y resurrección del Señor, que no es una pasión y una resurrección aparente, pues no es un cuerpo aparente sino real el que sufrió su pasión y el que resucitó.
Teniendo en cuenta estas cosas, lo que entendí del texto de Ignacio de Antioquía que cité en mi post anterior, viene en consonancia con todo esto. Dice así el texto:
«De la Eucaristía y de la oración se apartan (los docetas), porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por su benignidad resucitó el Padre. Por lo tanto, los que contradicen al don de Dios litigando, se van muriendo. Mejor les fuera amar para que también resucitasen». (Carta a la Iglesia de Esmirna 7,1).

Los docetas, al no aceptar la verdad de la Encarnación, sino afirmando ellos que el Cuerpo de Jesús es aparente, tampoco podían creer que en la Eucaristía estaba el Cuerpo verdadero de Cristo sino también el aparente. De todas maneras creían más que los evangélicos de hoy, porque entendían que el Señor no estaba hablando simbólicamente; y ya que creían que el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía era el mismo que el que había sumido al entrar en este mundo, para ellos no era un Cuerpo real sino sólo aparente.
De todas formas, Ignacio de Antioquía enseña aquí que el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía es real y verdadero, no aparente (como afirmaban los docetas), tampoco simbólico, como afirman los evangélicos.
La doctrina sobre el simbolismo del pan y del vino en la Santa Cena no es apostólica porque no la enseñaron ni los apóstoles ni sus colaboradores inmediatos, los cuales también fueron mártires de la fe en los primeros dos siglos. Esta doctrina del simbolismo es bastante moderna pues se desarrolla a partir de la edad moderna, a partir de la Reforma Protestante, y no con Lutero, que sí creía en la presencia real de Cristo en la Eucaristía aunque no en la trasubstanciación sino en la consubstanciación (permanecen las sustancias del pan y el vino junto con la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Cristo). El simbolismo d ela Última Cena es bastante nuevo, no tiene ni 500 años, mientras que la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía tiene casi 2000 años, como la Iglesia misma.
Pax vobiscum.
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